Acerca de nosotros

Somos un grupo de cursillistas que vivimos en Canadá y queremos ser fieles al Carisma Fundacional del Movimiento. Carisma recibido por Eduardo Bonnín, fundador del mismo. Nuestro deseo es propagar el Carisma del Movimiento. De esta manera se podrá continuar con lo que Eduardo fundó. Evitando así las desviaciones, modificaciones o agregados que con buena intensión se hacen pero que se alejan de lo que son verdaderamente los Cursillos de Cristiandad.

Eduardo define así:

"El Cursillo de Cristiandad es un movimiento que, mediante un método propio, intenta, y por la gracia de Dios, trata de conseguir que las realidades esenciales de lo cristiano, se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de la persona, para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, vaya tomando interés en emplear su libertad para hacerlas convicción, voluntad para hacerlas decisión y firmeza para realizarlas con constancia en su cotidiano vivir personal y comunitario".

miércoles, 10 de marzo de 2021

El Poscursillo por Toño Punyed parte 5

 ULTREYA

También es esta “Reunión de Reuniones de Grupo” en énfasis se ha puesto en la reunión y no en el grupo. La atención se centra en el suceso y no en la persona. Preocupa más la Ultreya como acto que la Ultreya como asamblea. Observamos en los Dirigentes un mayor interés porque la Ultreya “salga bien”, que en un interés que por quienes asisten a ella “salgan mejor”. Preocupan más las “vivencias” que la vida. El acto colectivo que los contactos personales.

En la Ultreya, pues, como en la Reunión de Grupo debemos diferenciar dos elementos: Existe un GRUPO de personas, objeto primordial de nuestra atención y que es responsabilidad de todos y de la Escuela en especial, antes, en, y después del acto de la Ultreya; y existe una REUNION, suceso instrumental y transitorio cuya planificación y ejecución compete primordialmente a la Comisión de Ultreya.

De cara a sus dos eventos nos atreveríamos a proponer la siguiente definición. Ultreya es: LA COMUNIDAD espiritual de unos cristianos en actitud de conversión progresiva, que por sentirse UNIDOS en una sola Fe, un solo Señor y un solo Bautismo, se REUNEN para compartir, revisar y acelerar mutuamente en sus vidas la vivencia de lo Fundamental Cristiano, y para descubrir y concretar el lugar y el modo de vivirlo según su vocación personal.

No creemos necesario insistir una vez más en el valor formativo de las Ultreyas vivenciales, o rechazar una vez más las Ultreyas meramente informativas o catequéticas.

Quisiéramos, sin embargo, presentar una doble opción posible en las Ultreyas vivenciales, y nos gustaría hacerlo con cierta amplitud:

El Movimiento desde sus principios está en la línea de la Pastoral Kerigmática, desea que se pronuncien los siguientes elementos kerigmáticos del mismo:

a) En general, el Movimiento debe:

  1. Pretender en sus tres tiempos la conversión integral y progresiva del hombre, tanto de cara a Dios como de cara a los demás.

  2. UNDAMENTAR SIEMPRE LA BÚSQUEDA DE LA CONVERSIÓN EN LA VIVENCIA Y EN EL TESTIMONIO (personal y comunitario) HACIENDO PRESENTE AQUELLO QUE SE PROCLAMA.

En esta línea la Ultreya busca la conversión progresiva del cursillista mediante la vivencia y el testimonio. Pero lo vivencial y lo testimonial no debe confundirse con lo anecdótico. En la anécdota se relata un suceso y nada más. Cuando hablamos de “dar vivencia”, sin embargo, entendemos el hacer presente aquello que se proclama. Supone, por lo tanto, una VERDAD que se proclama y la EXPERIENCIA vital de esa verdad, o el testimonio de haber vivido esa verdad.

En Cursillos se DA la vivencia de lo Fundamental Cristiano, exponiendo unas verdades y unas vidas vividas de acuerdo a esa verdad, procurando además que en el Cursillo se viva (experimente vitalmente) cuanto en él se proclama.

Descubrimos, pues, tres elementos: Una verdad, la del esquema; una vida, la del rollista; y una convivencia que posibilita el hacer presente y experimentable esas verdades y esas vidas. Para que la Ultreya sea realmente vivencial (para que DE vivencia) debe, por lo tanto, contener estos tres elementos.

Dejando a un lado la convivencia, que en este momento no viene al caso, en las Ultreyas deben presentarse una verdad y una vida, y su presentación podría admitirse dos opciones:

  1. La presentación de una vidas mediante el relato de unas vivencias, interpretadas luego en función de unas verdades, a la luz del Evangelio. Esta es la forma más usual y en ella los seglares presentan uno o más sucesos que luego el sacerdote analiza explicando la doctrina en ellos contenida. La secuencia, es, primero una vida y luego una verdad.

  2. La segunda opción sigue una secuencia contraria. Se expone una verdad que se explica o ilumina con una vida. En vez de “contar una vivencia”, se expone un ROLLO VIVENCIAL que ya contiene en sí los dos elementos: Una verdad, la del esquema y una vida, la del rollista.

Esta modalidad ha sido experimentada en algunas diócesis en España, según entendemos con gran éxito. Los rollos son breves y eminentemente vivenciales. La Escuela fija el tema de la Ultreya, elabora los esquemas que contienen las verdades a exponerse, y detecta para su exposición las personas que tienen la vida para exponerlos vivencialmente.

Esta experiencia nos parece sumamente interesante porque:

1.    1. Permite al sacerdote conocer de antemano el tema central de la Ultreya, lo que a su vez le permite preparar mejor su propia intervención.

2.    2. Permite una programación más sistemática y ordenada de temas que aceleren la formación cristiana de los presentes, entendiendo por formación la conformación con Cristo y su doctrina a la luz del Evangelio, es decir, su conversión integral y progresiva.
Hablamos de temas existenciales, ligados a la vida diaria, y no a la enseñanza descarnada de temas teológicos o catequéticos. No se pretende que los cursillistas sepan más, sino que vivan mejor.

1.    3. Tal programación evita las redundancias y las omisiones. Cada Ultreya tiene una enseñanza que ha sido programada distinta a la anterior. Si con cada Ultreya pudiésemos conseguir la incorporación a una vida virtud, la incorpora- ción de un trozo más del Evangelio a un aspecto más de nuestras vidas, el proceso de conversión se aceleraría en forma extraordinaria.

2.    4. La previsión o la secuencia de estos temas, su programación orgánica y aun su contenido, no afectan (y hay que asegurarse de ello) el carácter kerigmático y vivencial de las Ultreyas.

En nuestra ponencia al III. Encuentro Latinoamericano explicábamos cómo “la pureza kerigmática de Cursillos no depende de la mayor o menor densidad teológica del mensaje, sino... de su capacidad de dar vivencia de lo que en él se dice hacia una conversión del individuo, de la obligatoriedad del mensaje, que será mayor cuanto más fundamentales sean las verdades que se exponen, y del testimonio del rollista... De hecho, en igualdad absoluta de temario, puede darse un cursillo puramente catequético o puramente kerigmático, según se exponga u orienten las verdades en él contenidas” (Los Cursillos se renuevan, pág. 60). Lo mismo puede afirmarse de la Ultreya.

3.    5. Si las llamadas “Reuniones de Grupo” de las Ultreyas tienen lugar después del acto colectivo, el compartir puede enfocarse igualmente de acuerdo a las verdades presententadas en el Rollo Seglar, exponiendo cada uno sus vivencias sobre el tema.

Esta reubicación de la Reuniones puede posibilitar:

a)  Una asistencia más puntual a la Ultreya;

b)  Una mayor participación de los asistentes en dichas Reuniones.

Decimos simplemente que la experiencia es interesante. No pretendemos canonizarla. Prevemos algunas fallas que deben evitarse a toda costa:

1.    1. Una mayor participación de los más sabios y no de los más santos.

2.    2. Una perdida de naturalidad y espontaneidad en el estilo.

3.    3. La tentación (tanto de los sacerdotes como de los seglares) a alargarse demasiado.

4.    4. El dar más énfasis a las verdades que a la vida de las mismas.

5.    5. El peligro de que los teólogos, catequistas y pastoralistas las conviertan en su codiciada cátedra. 


ELEMENTOS DE LA ULTREYA

Decíamos anteriormente que para ser vivencial (para que dé vivencia) debe la Ultreya contener tres elementos: una verdad, una vida y una CONVIVENCIA que posibilite el experimentar y valorar vitalmente esas verdades y esas vidas. Nos da la impresión que la importancia de la convivencia en las Ultreyas no ha sido suficientemente destacada, a pesar de ser, posiblemente, su elemento más importante.

Al igual que en el Cursillo, la convivencia es lo que permite el Sondeo, el Estoque y el Vuelo de Reconocimiento que deben realizar los dirigentes por medio de contactos personales en la Ultreya. Es lo que permite la vivencia de la caridad fraterna. Lo que posibilita el trato, intensifica la amistad y detecta al Grupo. Es exigencia del amor mutuo despertado en el Cursillo y condición para ir amando también a quienes no vivieron el mismo Cursillo con nosotros. Es, en resumen, la razón principal por la que muchos asistimos a la Ultreya.

El propiciarla debe ser objeto especial de su sistemática y planificación. El éxito depende a veces de cosas tan insignificantes que corren el peligro de pasar desapercibidas. Obligados por razones de local, a tener nuestras Ultreyas en un solo salón y a desarrollarlas sin interrupciones, constatamos ya alguna vez cómo las Ultreyas se venían a pique. Hasta la ubicación de las sillas, suponiendo que deba haberlas, ha sido demostrada importante.

Han sido en locales que obligan a varios movimientos de traslación (de la recepción al patio, del patio al salón, del salón a la capilla, etc .) en donde nuestras Ultreyas han logrado el mejor de los climas como consecuencia de una mayor convivencia, hecha posible por el encuentro con distintas personas, en estos movimientos de traslación, que prolongamos deliberadamente. Donde la convivencia no se logra, la verdadera Ultreya suele celebrarse después de la “Ultreya”, mediante las consabidas “colas apostólicas”.

El Clima de la Ultreya depende también en gran parte de esta convivencia. Casi nos atrevemos a afirmar que el clima ES la calidad de dicha convivencia. Definido como “El conjunto de circunstancias que determinan el grado de penetración de un ambiente”, es también: el conjunto de actitudes y circunstancias que determinan el tipo de una convivencia. Es el “ambiente” de un ambiente. Es lo que hace adecuadas a las personas para la convivencia en un momento determinado.

El clima de la Ultreya está hecho de naturalidad, de alegría, de sinceridad, de apertura, de igualdad; de respeto a la individualidad y originalidad de cada quien: de vocación a la universalidad y, sobre todo y sobre todos, de caridad. Es, en resumen, un clima de Tercer Día.

Es la fusión de clima y convivencia lo que hará posible la vivencia de lo Fundamental Cristiano en la Ultreya, como experiencia vital de amor de Dios, al prójimo y al mundo. Es lo que logrará la aceptación de unas verdades, al encontrarlas en las vidas de unas personas, gracias a una convivencia en actitudes y bajo circunstancias (clima) que hacen que el contacto con los demás se transforme en encuentro pleno de personas.

En cuanto actitud, consistirá en una disposición a dar y recibir. A ver con ojos nuevos las cosa de siempre. A, si es necesario, hacernos como niños. Tener una actitud de búsqueda que siempre hará posible el encontrar algo en la Ultreya.

En cuanto circunstancia, requerirá unas condiciones ambientales que hagan fructificar esa actitud, o al menos no la obstaculicen. Hemos conocido locales de Ultreya tan SOLEMNES que imposibilitan toda naturalidad y alegría; locales tan desproporcionalmente grandes, con respecto al número de asistentes, que crean una sensación de difusión y soledad. Locales cuya ocupación estaba condicionada a estrechos límites de tiempo, a normas de relativo silencio, prohibición de fumar o ruidos exteriores excesivos. Son circunstancias todas ellas, que obstaculizan la convivencia normal y natural, y cuya influencia en la totalidad del clima es mucho mayor de los que solemos pensar.

La convivencia en las Ultreyas se da de tres maneras distintas, cada una de ellas con fines y frutos diversos:

1. Por medio de los contactos personales. Habla- mos de la Dirección Espiritual con el sacerdote, y de la Labor de Pasillo de los Dirigentes para Conocer, Situar, Iluminar y Acompañar. Conocer su personalidad, disposición y circunstancia. Conocer sus inquietudes y problemas. Descubrirles sus riquezas. Mostrarles sus posibilidades. Proponer soluciones. Colmarles su medida. “Desfacer entuertos”. Acrecentar la ilusión, entrega y espíritu de caridad de los Cursillistas en Rodaje. Detectar dirigentes. Programar futuros contactos.

2. Por medio de REUNIONES CON QUIEN CREES QUE DEBES. Nos gusta iniciarlas diciendo cada uno su nombre y el número de su Cursillo. Por muy “floja” que resulte una Ultreya, siempre será agradable, si estamos entre amigos, y para ello el primer paso es conocernos todos. De hecho el mejor termómetro, para detectar si existe UNA INFLACIÓN en el Movimiento, será el ver si todos y cada uno se conocen mutuamente. Sólo entonces debe darse un nuevo Cursillo. La sola existencia de muchas caras desconocidas le resta clima a la Ultreya, dificulta la convivencia y disminuye la asistencia.

El número de componentes en cada reunión deberá deberá ser tan reducido como sea necesario para revisar la Hoja dentro de los límites de tiempo establecidos.

De cara a la formación de Grupos convendrá que durante un corto tiempo aquellos que no tienen grupo se reúnan repetidas veces con quienes han descubierto tener afinidad, o entre quienes ha brotado una amistad que puede plasmarse en Grupo. Pero una vez formado el Grupo, sus reuniones fijas deben trasladarse fuera de la Ultreya, para poder convivir con todos los demás.

Esta excepción, admisible solamente en los nuevos, es inadmisible en los Dirigentes, cuya Reunión en la Ultreya será siempre Con Quién Crees que Debes. Una Reunión ENTRE Dirigentes sería imperdonable.

De cara al enriquecimiento mutuo, las reuniones se harán siempre con personas distintas. El compartir con personas que de ordinario no conviven con nosotros, y el compartir con personas de profesiones, ambientes y posibilidades distintas, sacará a flote valores, situaciones y realidades que no conocíamos y que nos enriquecen extraordinariamente. Es lo que posibilitará el contacto del sabio con el santo, que puede hacer más santo al sabio y más sabio al santo. El contacto del que tiene Espíritu con quien tiene Criterio, para un mayor equilibrio en ambos. El contacto con los sencillos y humildes, cuyas vidas rara vez encontramos en los libros o en las cátedras. El contacto inclusive con “el que más nos fastidia y santifica”.

Es aquí donde la Ultreya se realiza como Laboratorio de Amor al Prójimo. “Si sólo amáis a quien os aman, ¿qué tiene de particular? Eso ya lo hacen los paganos”. Y es también donde la maravilla de los vasos comunicantes se palpa más claramente, por ser mayores los desniveles.

Para lograr esta heterogeneidad en las Reuniones, es necesario que los primeros en llegar a la Ultreya sean los Dirigentes, para, con naturalidad y caridad, influir en la composición de las Reuniones y situarse en ellas “evangélicamente” de dos en dos. Porque los del último Cursillo suelen buscar sólo a sus compañeros de Cursillo, porque desgraciadamente siempre quedan algunos ricos que creen que, porque Dios los hizo, ellos deben juntarse, o algunos pobres que no han comprendido todavía que valemos todos lo mismo, porque pagaron el mismo precio por nosotros: la sangre toda de mi Señor Jesús.

En el seno de la Reunión, el Dirigente es “uno más”. Iluminar no consistirá en dar normas, consejos o sermones, en tener un comentario para cada intervención, o una respuesta para cada interrogante. Consistirá simplemente en destapar su propia vida y abrir su corazón para que lo que en él haya de Cristo ilumine a los demás. A la luz, para iluminar, le basta ser luz. Tampoco se enciende una bujía para que se vea la bujía misma, que, así, sólo deslumbra; sino que los demás puedan verse mejores a sí mismos y a cuanto los rodea.

Por todo ello, la cualidad principal en estas reuniones debe ser la SINCERIDAD, que consistirá simplemente en presentarnos como somos, o al menos como estamos, sin falsas imágenes ni aureolas. La Sinceridad hace posible la apertura. Si no hay sinceridad, se pierde la apertura; y, si faltan estas dos, no hay convivencia; lo cual significa que no hay tampoco Ultreya.

Parte 5, continuará...

 




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