Acerca de nosotros

Somos un grupo de cursillistas que vivimos en Canadá y queremos ser fieles al Carisma Fundacional del Movimiento. Carisma recibido por Eduardo Bonnín, fundador del mismo. Nuestro deseo es propagar el Carisma del Movimiento. De esta manera se podrá continuar con lo que Eduardo fundó. Evitando así las desviaciones, modificaciones o agregados que con buena intensión se hacen pero que se alejan de lo que son verdaderamente los Cursillos de Cristiandad.

Eduardo define así:

"El Cursillo de Cristiandad es un movimiento que, mediante un método propio, intenta, y por la gracia de Dios, trata de conseguir que las realidades esenciales de lo cristiano, se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de la persona, para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, vaya tomando interés en emplear su libertad para hacerlas convicción, voluntad para hacerlas decisión y firmeza para realizarlas con constancia en su cotidiano vivir personal y comunitario".
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sábado, 1 de octubre de 2022

DECISIÓN PAPAL Y EL MCC

Autor: Rodolfo Letona C. 

17/07/2022

No ha dejado de ser noticia la decisión del Papa Francisco de reducir la posición del OPUS DEI en cuanto a desandar el camino abierto por San Juan Pablo II al otorgarle a esa institución el privilegio de contar con un Prelado dependiente exclusivamente del Vicario de Cristo. De ahora en adelante el OPUS DEI tendrá que obedecer y rendir cuentas de su actuación al Obispo Diocesano en donde esté incardinado.

Además de esa decisión el Papa Francisco hizo un llamado al Opus Dei para que retome el carisma otorgado por el Espíritu Santo al fundador, Monseñor Juan María Escrivá de Balaguer, ya elevado a los altares. Monseñor Escrivá reducía el carisma de ese instituto secular a “la santificación a través del trabajo”. La enciclopedia de referencia católica, volumen III, define un Instituto Secular así: << Sociedades clericales o laicales, cuyos miembros tienden a la perfección mediante la observancia de los consejos evangélicos y el ejercicio del apostolado en el mundo. >>

Es interesante leer que estos institutos seculares nacieron en la mitad del siglo XVIII, pero que solo obtuvieron plena aprobación pontificia en 1947, con la constitución apostólica Provida Mater de Pio XII. En este documento leemos que “los miembros de estos institutos participan en la tarea de evangelización de la Iglesia, “en el mundo y desde el mundo”, donde su presencia obra a manera de fermento”. Su “testimonio de vida cristiana” mira a “ordenar según Dios las realidades temporales y a penetrar el mundo con la fuerza del Evangelio”. (Ver #929 del Catecismo de la Iglesia Católica).

Del numeral 877 del Catecismo de la Iglesia Católica se extrae los siguiente: “[…] todo obispo ejerce su ministerio en el seno del Colegio Episcopal, en comunión con el obispo de Roma, sucesor de San Pedro y jefe del colegio; los presbíteros ejercen su ministerio en el seno del presbiterio de la diócesis bajo la dirección del obispo”. Cabe resaltar que al final del numeral 833 de la obra citada, que define la diócesis, se lee: […] Estas Iglesias particulares están “formadas a imagen de la Iglesia Universal. En ellas y a partir de ellas existe la Iglesia Católica, una y única”. (LG 23).

De lo anterior, salvando mejor opinión, se puede concluir que la decisión papal no ha hecho otra cosa que consolidar la razón de ser de la diócesis, Iglesia particular, en función de constituir la base de la Iglesia Universal.

Considero muy importante trasladar esta decisión papal a la situación actual que vive nuestro querido Movimiento de Cursillos de Cristiandad. 

La historia nos refiere que Cursillos nació en la diócesis de Mallorca, España, en la década de los 40 del siglo XX, con la venia del obispo, Monseñor Miralles; posteriormente, con la toma de posesión de Monseñor Juan Hervás, fue él quien bendijo “no con una sino con dos manos”, a nuestro Movimiento, oficializando así su incardinación en la Diócesis. De allí en adelante Cursillos fue aceptado en innumerables diócesis alrededor del mundo hasta sobrepasar actualmente las 800 iglesias particulares en donde funciona, arropando a cerca de 4.5 millones de cursillistas. 

La historia también nos ilustra sobre la progresiva conformación de los Secretariados diocesanos; según los países, se originaron los Secretariados nacionales y por una decisión propia de los integrantes del MCC en cada época y para facilitar la comunicación entre países de una región dada, fueron constituyéndose los Grupos internacionales hasta congregarse en el Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad, OMCC, unidades todas de servicio y comunicación, sin autoridad alguna sobre el movimiento y menos sobre los cursillistas.

Por una inexplicable razón, desde que la sede del OMCC se trasladó a México según lo establece el ordenamiento vigente en el Estatuto de ese organismo, los dirigentes a cargo del Comité Ejecutivo del OMCC, CE-OMCC, tomaron una actitud contraria al espíritu de servicio y coordinación, iniciando la búsqueda de un cambio en dirección para constituir al OMCC en una torre de mando. Los argumentos utilizados no se sostienen desde ningún punto de vista que sea congruente con las ideas fundacionales ni con las funciones establecidas en el propio estatuto, que lo es del OMCC, aunque se le ha querido interpretar como la aceptación del Movimiento por el Vaticano.

En el proceso iniciado se ha visto involucrado el Dicasterio para los laicos, la familia y la vida, entidad que cuenta con sus propios estatutos ninguno de los cuales se puede interpretar como autorización para intervenir directamente en las decisiones que tomen quienes son los dirigentes transitorios de los movimientos laicales iniciados y aprobados en las diócesis.

La decisión papal explicada antes es importante en esta coyuntura puesto que el Santo Padre nos está indicando claramente el camino a seguir. 

LOS MOVIMIENTOS APROBADOS POR LAS DIÓCESIS FORMAN PARTE DE LA IGLESIA UNIVERSAL. […] “En ellas y a partir de ellas existe la Iglesia Católica, una y única”. (LG 23). Cursillos no constituye una excepción, de allí que no pueda existir ninguna autoridad fuera de la ejercida por el Obispo y, por extensión, del Colegio Episcopal. (Ver numerales 833 y 877 del Catecismo, citados antes).

En tal virtud, las pretensiones del CE-OMCC no tienen asidero legal ni moral. Por ende, considero que lo más prudente es solicitar que depongan esa actitud; que vuelvan al cauce que marca el estatuto vigente; que entreguen los cargos detentados a quien corresponde según la calendarización establecida. Si algún país o Grupo Internacional, GI, desea promover algún cambio, éste debe ser previamente consensuado y propuesto ante un Encuentro mundial de dirigentes del MCC, según está estipulado, para su discusión y consideración.

DE COLORES.

jueves, 23 de septiembre de 2021

Iuvenescit Ecclesia (la Iglesia rejuvenece)

Los dones jerárquicos y los dones carismáticos son “co-esenciales” para la vida de la Iglesia. Esta es la conclusión de Iuvenescit Ecclesia (La Iglesia rejuvenece), una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe dirigida a los obispos de todo el mundo.

La carta aborda la relación entre la jerarquía (sacramento del orden episcopal, presbiteral y diaconal) y los carismas (suscitados por el Espíritu Santo) en la Iglesia, es decir, las asociaciones, movimientos y comunidades animados y guiados la mayoría por laicos.

La publicación de la Carta lleva fecha del 15 de mayo de 2016, Solemnidad de Pentecostés y fue aprobada por el Papa Francisco el pasado 14 de marzo.

“La Iglesia rejuvenece por el poder del Evangelio y el Espíritu continuamente la renueva, edificándola y guiándola con diversos dones jerárquicos y carismáticos”, señala carta en su introducción.

El inicio del documento destaca la importancia del Concilio Vaticano II en el origen de estos carismas que tienen urgencia en “la tarea de comunicar con eficacia el Evangelio”. Por eso, “en esta tarea indispensable de la nueva evangelización es más necesario que nunca reconocer y apreciar los muchos carismas que pueden despertar y alimentar la vida de fe del pueblo de Dios”.

Atracción del encuentro con el Señor

El texto reconoce que “tanto antes como después del Concilio Vaticano II han surgido numerosos grupos eclesiales que constituyen un gran recurso de renovación para la Iglesia y para la urgente ‘conversión pastoral y misionera’ de toda la vida eclesial”.

“Los grupos de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades proponen formas renovadas de seguimiento de Cristo en los que profundizar la comunión con Dios y la comunión con los fieles, llevando a los nuevos contextos sociales la atracción del encuentro con el Señor Jesús y la belleza de la existencia cristiana vivida integralmente”.

Los siguientes capítulos del documento de Doctrina de la fe realizan un breve repaso sobre los carismas en el Nuevo Testamento y en el Magisterio reciente de la Iglesia.

Respecto a los dones jerárquicos, el texto afirma que “en sus diversos grados, se dan para que, a la Iglesia, como comunión, no le falte nunca a ningún fiel la oferta objetiva de la gracia en los Sacramentos, el anuncio normativo de la Palabra de Dios y la cura pastoral”.

Sobre los dones carismáticos, explica que “se distribuyen libremente por el Espíritu Santo para que la gracia sacramental lleve sus frutos a la vida cristiana de diferentes maneras y en todos sus niveles”. Estos dones “mueven a los fieles a responder libremente y de manera adecuada al mismo tiempo, al don de la salvación, haciéndose a sí mismos un don de amor para otros y un auténtico testimonio del Evangelio para todos los hombres”.

Autenticidad del carisma

La carta califica a los movimientos y nuevas comunidades de “dones carismáticos compartidos” que “muestran cómo un carisma original en particular puede agregar a los fieles y ayudarles a vivir plenamente su vocación cristiana y el propio estado de vida al servicio de la misión de la Iglesia”.

Otro de los asuntos que aborda el documento es el reconocimiento por parte de la autoridad eclesiástica de estos carismas. Algunos “no requieren de regulaciones específicas” pero “cuando un don carismático se presenta como ‘carisma originario’ o ‘fundamental’ entonces necesita un reconocimiento específico para que esa riqueza se articule de manera adecuada en la comunión eclesial y se transmita fielmente a lo largo del tiempo”.

Así, “reconocer la autenticidad del carisma no es siempre una tarea fácil, pero es un servicio debido que los pastores tienen que efectuar”.

La Congregación para la Doctrina de la Fe subraya que “la autoridad debe ser consciente de la espontaneidad real de los carismas suscitados por el Espíritu Santo, valorándolos de acuerdo con la regla de la fe en vista de la edificación de la Iglesia”.

En otro de los capítulos se detallan los criterios para el discernimiento de los dones carismáticos: “el primado de la vocación de todo cristiano a la santidad; el compromiso con la difusión misionera del Evangelio; la confesión de la fe católica; el testimonio de una comunión activa con toda la Iglesia; el respeto y el reconocimiento de la complementariedad mutua de los otros componentes en la Iglesia carismática”.

También señala “la aceptación de los momentos de prueba en el discernimiento de los carismas” y “la presencia de frutos espirituales; la dimensión social de la evangelización”.

Pertenencia de sacerdotes, seminaristas y matrimonios

La última parte de “La Iglesia rejuvenece” hace referencia a la relación entre los carismas y la jerarquía: “la práctica de la buena relación entre los diferentes dones en la Iglesia requiere la inserción activa de la realidad carismática en la vida pastoral de las Iglesias particulares”, manifiesta el texto.

El documento también afirma que “se tendrá que tener en cuenta la relación esencial y constitutiva entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares”.

Por otro lado, se reconoce que los dones “pueden estar relacionados con todo el orden de la comunión eclesial, tanto en referencia a los Sacramentos como a la Palabra de Dios”. “Ellos, de acuerdo con sus diferentes características, permiten dar mucho fruto en el desempeño que emanan del Bautismo, la Confirmación, el Matrimonio y el Orden, así como hacen posible una mayor comprensión espiritual de la divina Tradición”.

Sobre la pertenencia de los matrimonios a estos grupos eclesiales, se dice que “pueden instruir válidamente a los jóvenes y cónyuges mismos, principalmente a los recién casados, en la doctrina y en la acción y en formarlos para la vida familiar, social y apostólica”.

Los sacerdotes también pueden formar parte de ellos y encontrar así “fuerza y ayuda para vivir plenamente cuanto se requiere de su ministerio específico”, algo que también sucede con los seminaristas.

Por último, la carta nos invita a mirar a María, Madre de la Iglesia y modelo de “plena docilidad a la acción del Espíritu Santo” y de “límpida humildad”: por su intercesión, se espera que “los carismas distribuidos abundantemente por el Espíritu Santo entre los fieles sean mansamente acogidos por ellos y den frutos para la vida y misión de la Iglesia y para el bien del mundo”.

sábado, 20 de febrero de 2021

Sermón de la Montaña

Serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, parte 1, 29 enero 2020

Introducción 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre las bienaventuranzas en el evangelio de Mateo, capítulo 5, versículos del 1 al 11. Este texto abre el “Sermón de la Montaña” que ha iluminado la vida de los creyentes y también de muchos no creyentes. Es difícil no ser tocado por estas palabras de Jesús, y es justo el deseo de entenderlas y de acogerlas cada vez más plenamente. Las bienaventuranzas contienen la “carta de identidad” del cristiano —es nuestro carnet de identidad—, porque dibujan el rostro de Jesús, su forma de vida. 

Esta vez enmarcamos en conjunto estas palabras de Jesús; en la próxima catequesis comentaremos las bienaventuranzas individuales, una a una. 

En primer lugar, es importante cómo se produjo la proclamación de este mensaje: Jesús, viendo a la multitud que le seguía, sube al suave monte que rodea el lago de Galilea, se sienta y, dirigiéndose a sus discípulos, anuncia las bienaventuranzas. El mensaje, pues, se dirige a los discípulos, pero en el horizonte están las multitudes, es decir, toda la humanidad. 

Es un mensaje para toda la humanidad. Además, “el monte” recuerda al Sinaí, donde Dios le dio a Moisés los mandamientos. Jesús empieza a enseñar una nueva ley: ser pobre, ser manso, ser misericordioso... Estos “nuevos mandamientos” son mucho más que normas. De hecho, Jesús no impone nada, pero revela el camino a la felicidad —su camino— repitiendo ocho veces la palabra “bienaventurados”·. 

Cada bienaventuranza está compuesta de tres partes. Primero está siempre la palabra “bienaventurados”; luego viene la situación en la que se encuentran los bienaventurados: la pobreza de espíritu, la aflicción, el hambre y la sed de justicia, y así sucesivamente; finalmente está el motivo de la bienaventuranza, introducido por la conjunción “porque”: “Bienaventurados sean estos porque, bienaventurados sean aquellos porque...”. Así son las ocho bienaventuranzas y estaría bien aprenderlas de memoria para repetirlas, para tener en la mente y en el corazón esta ley que Jesús nos dio. 

Prestemos atención a este hecho: la razón de la dicha no es la situación actual, sino la nueva condición que los bienaventurados reciben como regalo de Dios: “porque de ellos es el reino de los cielos”, “porque serán consolados”, “porque heredarán la tierra”, y así sucesivamente. 

En el tercer elemento, que es precisamente la razón de la felicidad, Jesús utiliza a menudo un futuro pasivo: “serán consolados”, “heredarán la tierra”, “serán saciados”, “serán perdonados”, “serán llamados hijos de Dios”. 

¿Pero qué significa la palabra “bienaventurado”? ¿Por qué cada una de las ocho bienaventuranzas comienza con la palabra bienaventurado? La palabra original no indica a alguien que tiene el estómago lleno o que se divierte, sino una persona que está en una condición de gracia, que progresa en la gracia de Dios y que progresa por el camino de Dios: la paciencia, la pobreza, el servicio a los demás, el consuelo… Los que progresan en estas cosas son felices y serán bienaventurados. 

Dios, para entregarse a nosotros, elige a menudo caminos impensables, tal vez los de nuestros límites, los de nuestras lágrimas, los de nuestras derrotas. Es la alegría pascual, de la que hablan nuestros hermanos orientales, la que tiene los estigmas pero está viva, ha atravesado la muerte y ha experimentado la potencia de Dios. Las bienaventuranzas te llevan a la alegría, siempre; son el camino para alcanzar la alegría. Nos hará bien tomar hoy el Evangelio de Mateo, capítulo cinco, versículos de 1 a 11, y leer las bienaventuranzas —quizás más de una vez, durante la semana— para entender este camino tan hermoso, tan seguro de la felicidad que el Señor nos propone.

Papa Francisco

¿Pero qué significa corazón “puro”?

Serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, parte 7, 1º. abril 2020

Bienaventurados los que tienen el corazón puro 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Hoy leemos juntos la sexta bienaventuranza, que promete la visión de Dios y tiene como condición la pureza de corazón. 

Un salmo dice: «Digo para mis adentros: “Busca su rostro”. Sí, Señor, tu rostro busco. No me ocultes tu rostro». 

Este lenguaje manifiesta la sed de una relación personal con Dios, no mecánica, no algo nublada, no: personal, que el libro de Job también expresa como signo de una relación sincera. Dice así el libro de Job: «Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos».Y muchas veces pienso que este es el camino de la vida, en nuestra relación con Dios. Conocemos a Dios de oídas, pero con nuestra experiencia avanzamos, avanzamos, avanzamos y al final lo conocemos directamente, si somos fieles... Y esta es la madurez del Espíritu. 

¿Cómo llegar a esta intimidad, a conocer a Dios con los ojos? Se puede pensar, por ejemplo, en los discípulos de Emaús, que tienen al Señor Jesús a su lado, «pero sus ojos estaban retenidos para que no lo conocieran». El Señor les abrirá los ojos al final de un camino que culmina con la fracción del pan y que había empezado con un reproche: «¡Oh, insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!». Es el reproche del principio. Este es el origen de su ceguera: el corazón insensato y tardo. Y cuando el corazón es insensato y tardo, no se ven las cosas. Se ven las cosas como nubladas. Aquí reside la sabiduría de esta bienaventuranza: para contemplar, es necesario entrar dentro de nosotros mismos y hacer espacio a Dios porque, como dice San Agustín, «Dios es más interior que lo más íntimo mío». Para ver a Dios no hay que cambiar de gafas o de punto de mira, o cambiar de autores teológicos que enseñen el camino: ¡hay que liberar el corazón de sus engaños! Este es el único camino. 

Es una madurez decisiva: cuando nos damos cuenta de que nuestro peor enemigo se esconde a menudo en nuestro corazón. La batalla más noble es contra los engaños internos que generan nuestros pecados. Porque los pecados cambian la visión interior, cambian la valoración de las cosas, muestran cosas que no son verdaderas, o al menos que no son tan verdaderas. 

Por lo tanto, es importante entender qué es la “pureza de corazón”. Para ello debemos recordar que para la Biblia el corazón no consiste sólo en los sentimientos, sino que es el lugar más íntimo del ser humano, el espacio interior donde la persona es ella misma. Esto, según la mentalidad bíblica. 

El Evangelio de Mateo dice: «Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!». Esta “luz” es la mirada del corazón, la perspectiva, la síntesis, el punto de lectura de la realidad. 

¿Pero qué significa corazón “puro”? El puro de corazón vive en la presencia del Señor, conservando en el corazón lo que es digno de la relación con Él; sólo así posee una vida “unificada”, lineal, no tortuosa sino simple. El corazón purificado es, por lo tanto, el resultado de un proceso que implica una liberación y una renuncia. El puro de corazón no nace así, ha vivido una simplificación interior, aprendiendo a negar el mal dentro de sí, algo que en la Biblia se llama circuncisión del corazón. 

Esta purificación interior implica el reconocimiento de esa parte del corazón que está bajo el influjo del mal: —“Sabe, Padre, siento esto, veo esto y está mal”: reconocer la parte mala, la parte que está nublada por el mal — para aprender el arte de dejarse siempre adiestrar y guiar por el Espíritu Santo. El camino del corazón enfermo, del corazón pecador, del corazón que no puede ver bien las cosas, porque está en pecado, a la plenitud de la luz del corazón es obra del Espíritu Santo. Él es quien nos guía para recorrer este camino. Y así, a través de este camino del corazón, llegamos a “ver a Dios”. 

En esta visión beatífica hay una dimensión futura, escatológica, como en todas las Bienaventuranzas: es la alegría del Reino de los Cielos hacia la que vamos. Pero existe también la otra dimensión: ver a Dios significa comprender los designios de la Providencia en lo que nos sucede, reconocer su presencia en los sacramentos, su presencia en los hermanos, especialmente en los pobres y los que sufren, y reconocerlo allí donde se manifiesta. 

Esta bienaventuranza es un poco el fruto de las anteriores: si hemos escuchado la sed del bien que habita en nosotros y somos conscientes de que vivimos de misericordia, comienza un camino de liberación que dura toda la vida y nos lleva al Cielo. Es un trabajo serio, un trabajo que hace el Espíritu Santo si le damos espacio para que lo haga, si estamos abiertos a la acción del Espíritu Santo. Por eso podemos decir que es una obra de Dios en nosotros —en las pruebas y en las purificaciones de la vida— y esta obra de Dios y del Espíritu Santo lleva a una gran alegría, a una paz verdadera. No tengamos miedo, abramos las puertas de nuestro corazón al Espíritu Santo para que nos purifique y nos haga avanzar por este camino hacia la alegría plena.

Papa Francisco

No hay cristianismo sin misericordia Bienaventurados los misericordiosos

Serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, parte 6, 18 marzo 2020

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Hoy hablaremos de la quinta bienaventuranza, que dice: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos hallarán misericordia». En esta bienaventuranza hay una particularidad: es la única en la que coinciden la causa y el fruto de la felicidad, la misericordia. Los que ejercen la misericordia encontrarán misericordia, serán “misericordiados”. 

Este tema de la reciprocidad del perdón no sólo está presente en esta bienaventuranza, sino que es recurrente en el Evangelio. ¿Y cómo podría ser de otra manera? ¡La misericordia es el corazón mismo de Dios! Jesús dice: «No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados». Siempre la misma reciprocidad. Y la Carta de Santiago afirma que «la misericordia se siente superior al juicio». 

Pero sobre todo es en el Padrenuestro donde pedimos: «Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden»; y esta petición es la única que se recoge al final: «Porque si vosotros perdonáis a los demás sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas». 

Hay dos cosas que no se pueden separar: el perdón dado y el perdón recibido. Pero para muchas personas es difícil, no pueden perdonar. Muchas veces el mal recibido es tan grande que ser capaz de perdonar parece como escalar una montaña muy alta: un esfuerzo enorme; y uno piensa: no se puede, esto no se puede. Este hecho de la reciprocidad de la misericordia indica que necesitamos invertir la perspectiva. Solos no podemos, hace falta la gracia de Dios, tenemos que pedirla. Porque si la quinta bienaventuranza promete que se encontrará la misericordia y en el Padrenuestro pedimos el perdón de las deudas, significa que somos esencialmente deudores y necesitamos encontrar misericordia. 

Todos somos deudores. Todos. Con Dios, que es tan generoso, y con nuestros hermanos. Toda persona sabe que no es el padre o la madre que debería ser, el esposo o la esposa, el hermano o la hermana que debería ser. Todos estamos “en déficit” en la vida. Y necesitamos misericordia. Sabemos que también nosotros hemos obrado mal, siempre le falta algo al bien que deberíamos haber hecho. 

¡Pero precisamente esta pobreza nuestra se convierte en la fuerza para perdonar! Somos deudores, y si, como hemos escuchado al principio, se nos medirá con la medida con la que medimos a los demás, entonces nos conviene ensanchar la medida y perdonar las deudas, perdonar. Cada uno debe recordar que necesita perdonar, que necesita perdón y que necesita paciencia; este es el secreto de la misericordia: perdonando se es perdonado. Por eso Dios nos precede y nos perdona primero. Recibiendo su perdón, nosotros a nuestra vez nos volvemos capaces de perdonar. Así, nuestra miseria y nuestra falta de justicia se convierten en oportunidades para abrirnos al Reino de los cielos, a una medida más grande, la medida de Dios, que es misericordia. 

¿De dónde viene nuestra misericordia? Jesús nos dijo: «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso». Cuanto más se acepta el amor del Padre, más se ama. La misericordia no es una dimensión entre otras, sino el centro de la vida cristiana: no hay cristianismo sin misericordia. Si todo nuestro cristianismo no nos lleva a la misericordia, nos hemos equivocado de camino, porque la misericordia es la única meta verdadera de todo camino espiritual. Es uno de los frutos más bellos de la caridad. 

Recuerdo que este tema fue el elegido desde el primer Ángelus que tuve que decir como Papa: la misericordia. Y se me quedó grabado, como un mensaje que como Papa debía dar siempre, un mensaje que debe ser cotidiano: la misericordia. Recuerdo que ese día también tuve la actitud algo “desvergonzada” de hacer publicidad a un libro sobre la misericordia, recién publicado por el cardenal Kasper. Y ese día sentí con tanta fuerza que ese es el mensaje que debo dar, como obispo de Roma: misericordia, misericordia, por favor, perdón. 

La misericordia de Dios es nuestra liberación y nuestra felicidad. Vivimos de misericordia y no podemos permitirnos estar sin misericordia: es como el aire que respiramos. Somos demasiado pobres para poner las condiciones, necesitamos perdonar, porque necesitamos ser perdonados. ¡Gracias!

Papa Francisco

En cada corazón, se esconde un anhelo de luz, siempre hay una sed de verdad y bondad

Serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, parte 5, 11 marzo 2020

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia 

Queridos hermanos y hermanas, buenos días: En la audiencia de hoy seguimos meditando sobre el luminoso camino de la felicidad que el Señor nos ha dado en las Bienaventuranzas, y llegamos a la cuarta: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados». 

Ya hemos encontrado la pobreza de espíritu y el llanto; ahora nos enfrentamos a otro tipo de debilidad, la relacionada con el hambre y la sed. El hambre y la sed son necesidades primarias, se trata de la supervivencia. Hay que subrayarlo: no se trata de un deseo genérico, sino de una necesidad vital y cotidiana, como es la alimentación. 

Pero, ¿qué significa tener hambre y sed de justicia? Ciertamente no estamos hablando de los que quieren venganza, al contrario, en la bienaventuranza anterior hablamos de mansedumbre. Verdaderamente las injusticias hieren a la humanidad; la sociedad humana tiene una necesidad urgente de equidad, verdad y justicia social; recordemos que el mal que sufren las mujeres y los hombres del mundo llega al corazón de Dios Padre. ¿Qué padre no sufriría por el dolor de sus hijos? 

Las Escrituras hablan del dolor de los pobres y de los oprimidos que Dios conoce y comparte. Por haber escuchado el grito de opresión levantado por los hijos de Israel —como nos dice el Libro del Éxodo— Dios ha bajado a liberar a su pueblo. Pero el hambre y la sed de justicia de la que nos habla el Señor es aún más profunda que la legítima necesidad de justicia humana que todo hombre lleva en su corazón. 

En el mismo “Sermón de la Montaña”, un poco más adelante, Jesús habla de una justicia mayor que el derecho humano o la perfección personal, diciendo: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos». Y esta es la justicia que viene de Dios. 

En las Escrituras encontramos expresada una sed más profunda que la sed física, que es un deseo en la raíz de nuestro ser. Un salmo dice: «Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agotada, sin agua». Los Padres de la Iglesia hablan de esta inquietud que habita en el corazón del hombre. San Agustín dice: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Hay una sed interior, un hambre interior, una inquietud… 

En cada corazón, incluso en la persona más corrupta y alejada del bien, se esconde un anhelo de luz, aunque se encuentre bajo escombros de engaños y errores, pero siempre hay una sed de verdad y bondad, que es la sed de Dios. Es el Espíritu Santo quien despierta esta sed: Él es el agua viva que ha plasmado nuestro polvo, Él es el soplo creador que le dio vida. 

Por eso la Iglesia es enviada a anunciar a todos la Palabra de Dios, impregnada de Espíritu Santo. Porque el Evangelio de Jesucristo es la mayor justicia que se puede ofrecer al corazón de la humanidad, que tiene una necesidad vital de ella, aunque no se dé cuenta. 

Por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan, tienen la intención de hacer algo grande y hermoso, y si mantienen viva esta sed, siempre encontrarán el camino a seguir, en medio de los problemas, con la ayuda de la Gracia. ¡También los jóvenes tienen esta hambre, y no deben perderla! Es necesario proteger y alimentar en el corazón de los niños ese deseo de amor, de ternura, de acogida que expresan en su ímpetu sincero y luminoso. 

Cada persona está llamada a redescubrir lo que realmente importa, lo que realmente necesita, lo que hace la vida buena y, al mismo tiempo, lo que es secundario y de lo que puede prescindir tranquilamente. 

Jesús anuncia en esta bienaventuranza, hambre y sed de justicia, que hay una sed que no será defraudada; una sed que, si se asecunda será saciada y siempre será satisfecha, porque corresponde al mismo corazón de Dios, a su Espíritu Santo que es el amor y también a la semilla que el Espíritu Santo ha sembrado en nuestros corazones. ¡Que el Señor nos dé esta gracia: la de tener esta sed de justicia que es precisamente la gana de encontrarle, de ver a Dios y de hacer el bien a los demás!

Papa Francisco

No hay tierra más hermosa que el corazón de los demás

Serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, parte 4, 19 febrero 2020

Bienaventurados los mansos 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

En la catequesis de hoy abordamos la tercera de las ocho bienaventuranzas del Evangelio de Mateo: «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra». 

El término “manso” usado aquí significa literalmente dulce, suave, gentil, no violento. La mansedumbre se manifiesta en los momentos de conflicto, se puede ver por la forma en que se reacciona a una situación hostil. Cualquiera puede parecer manso cuando todo está tranquilo, pero ¿cómo reacciona “bajo presión” si es atacado, ofendido, agredido? 

En un pasaje, San Pablo recuerda «la mansedumbre y la dulzura de Cristo». Y San Pedro, a su vez, recuerda la actitud de Jesús en la Pasión: no respondió ni amenazó, porque «se confió al que juzga con justicia». Y la mansedumbre de Jesús se ve con fuerza en su Pasión. 

En la Escritura la palabra “manso” también indica el que no tiene propiedad de la tierra; y por lo tanto nos llama la atención el hecho de que la tercera bienaventuranza diga precisamente que los mansos “heredarán la tierra”. 

En realidad, esta bienaventuranza cita el Salmo 37, que escuchamos al principio de la catequesis. Allí también la mansedumbre y la posesión de la tierra están relacionadas. Estas dos cosas, pensándolo bien, parecen incompatibles. De hecho, la posesión de la tierra es el ámbito típico del conflicto: a menudo se lucha por un territorio, para conseguir la hegemonía de una determinada zona. En las guerras, el más fuerte prevalece y conquista otras tierras. 

Pero observemos con atención el verbo utilizado para indicar la posesión de los mansos: no conquistan la tierra; no dice “bienaventurados los mansos porque conquistarán la tierra”. La heredan. Bienaventurados los mansos porque “heredarán” la tierra. En las Escrituras, el verbo “heredar” tiene un significado aún más grande. El Pueblo de Dios llama “herencia” precisamente a la tierra de Israel, que es la Tierra de la Promesa. 

Esa tierra es una promesa y un regalo para el pueblo de Dios, y se convierte en un signo de algo mucho más grande que el mero territorio. Hay una “tierra” —permitidme el juego de palabras— que es el Cielo, es decir, la tierra hacia la que caminamos: los nuevos cielos y la nueva tierra hacia la que vamos. 

Entonces el manso es aquel que “hereda” el más sublime de los territorios. No es un cobarde, un “perezoso” que se encuentra una moral cómoda para no meterse en problemas. ¡Nada de eso! Es una persona que ha recibido una herencia y no quiere dispersarla. El manso no es una persona complaciente, sino el discípulo de Cristo que ha aprendido a defender otra tierra bien distinta. Defiende su paz, defiende su relación con Dios, defiende sus dones, los dones de Dios, defiende la misericordia, la fraternidad, la confianza, la esperanza. Porque las personas mansas son personas misericordiosas, fraternas, confiadas y personas con esperanza. 

Aquí debemos mencionar el pecado de la ira, un gesto violento cuyo impulso todos conocemos. ¿Quién no se ha enfadado alguna vez? Todos. Debemos volver al revés la bienaventuranza y preguntarnos: ¿Cuántas cosas hemos destruido con la ira? ¿Cuántas cosas hemos perdido? Un momento de ira puede destruir muchas cosas; se pierde el control y no se valora lo que es realmente importante, y se puede arruinar la relación con un hermano, a veces sin remedio. Por la ira, tantos hermanos no se hablan, se alejan uno del otro. Es lo contrario de la mansedumbre. 

La mansedumbre reúne, la ira separa. La mansedumbre, en cambio, conquista muchas cosas. La mansedumbre es capaz de ganar el corazón, salvar amistades y mucho más, porque las personas se enfadan pero luego se calman, se replantean las cosas y vuelven sobre sus pasos, y así se puede reconstruir con la mansedumbre. 

La “tierra” a conquistar con la mansedumbre es la salvación de aquel hermano del que habla el mismo Evangelio de Mateo: «Si te escucha, habrás ganado a tu hermano». No hay tierra más hermosa que el corazón de los demás, no hay territorio más bello que ganar la paz reencontrada con un hermano. ¡Y esa es la tierra a heredar con la mansedumbre!

Papa Francisco

¿Se puede amar por función, por deber?

Serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, parte 3, 12 febrero 2020

Bienaventurados los que lloran 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Hemos emprendido el viaje en las Bienaventuranzas y hoy nos detendremos en la segunda: Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. 

En la lengua griega en la que está escrito el Evangelio, esta bienaventuranza se expresa con un verbo que no está en pasivo —de hecho los bienaventurados no sufren este llanto— sino en el activo: “se afligen”; lloran, pero por dentro. Es una actitud que se ha convertido en central en la espiritualidad cristiana y que los padres del desierto, los primeros monjes de la historia, llamaron “penthos”, es decir, un dolor interior que abre una relación con el Señor y con el prójimo, una relación renovada con el Señor y con el prójimo. 

Este llanto, en la Escritura, puede tener dos aspectos: el primero es por la muerte o el sufrimiento de alguien. El otro aspecto son las lágrimas por el pecado, —por nuestro pecado— cuando el corazón sangra por el dolor de haber ofendido a Dios y al prójimo. 

Por lo tanto, se trata de amar al otro de tal manera que podamos unirnos a él o ella hasta compartir su dolor. Hay personas que permanecen distantes, un paso atrás; en cambio, es importante que los otros se abran brecha en nuestros corazones. 

He hablado a menudo del don de las lágrimas, y de lo precioso que es. ¿Se puede amar de forma fría? ¿Se puede amar por función, por deber? No, ciertamente. Hay algunos afligidos a los que consolar, pero a veces también hay consolados a los que afligir, a los que despertar, que tienen un corazón de piedra y han desaprendido a llorar. También hay que despertar a la gente que no sabe conmoverse frente al dolor de los demás. 

El luto, por ejemplo, es un camino amargo, pero puede ser útil para abrir los ojos a la vida y al valor sagrado e insustituible de cada persona, y en ese momento nos damos cuenta de lo corto que es el tiempo. 

Hay un segundo significado de esta paradójica felicidad: llorar por el pecado. 

Aquí hay que distinguir: hay quien están airado por haberse equivocado. Pero esto es orgullo. En cambio hay quien llora por el mal hecho, por el bien omitido y por la traición a la relación con Dios. Este es el llanto por no haber amado, que brota porque la vida de los demás importa. Aquí se llora porque no se corresponde al Señor que nos ama tanto, y nos entristece el pensamiento del bien no hecho; éste es el significado del pecado. Estos dicen: “He herido a la persona que amo”, y les duele hasta las lágrimas. ¡Bendito sea Dios si estas lágrimas vienen! 

Este es el tema de los propios errores que hay que afrontar, difícil pero vital. Pensemos en el llanto de San Pedro, que le llevará a un amor nuevo y mucho más verdadero: es un llanto que purifica, que renueva. Pedro miró a Jesús y lloró: su corazón se renovó. A diferencia de Judas, que no aceptó que se había equivocado y, pobrecillo, se suicidó. Entender el pecado es un regalo de Dios, es una obra del Espíritu Santo. Nosotros, solos, no podemos entender el pecado. Es una gracia que tenemos que pedir. Señor, hazme entender que mal que he hecho o que puedo hacer. Es un don muy grande y después de haberlo entendido, viene el llanto del arrepentimiento. 

Uno de los primeros monjes, Efrén el Sirio dice que un rostro lavado con lágrimas es indeciblemente hermoso. ¡La belleza del arrepentimiento, la belleza del llanto, la belleza de la contrición! Como siempre, la vida cristiana tiene su mejor expresión en la misericordia. Sabio y bendito es el que acoge el dolor ligado al amor, porque recibirá el consuelo del Espíritu Santo que es la ternura de Dios que perdona y corrige. Dios perdona siempre: no lo olvidemos. Dios perdona siempre, incluso los pecados más feos, siempre. El problema está en nosotros, que nos cansamos de pedir perdón, nos encerramos en nosotros mismos y no pedimos perdón. Ese es el problema; pero Él está ahí para perdonar. 

Si tenemos siempre presente que Dios «no nos trata según nuestros pecados ni nos paga según nuestras faltas», vivimos en la misericordia y la compasión, y el amor aparece en nosotros. Que el Señor nos conceda amar en abundancia, de amar con la sonrisa, con la cercanía, con el servicio y también con el llanto.

Papa Francisco

¿Qué se entiende por “pobres”?



Serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, parte 2, 5 febrero 2020

Bienaventurados los pobres de espíritu 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Nos adentramos hoy en la primera de las ocho Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo. Jesús inicia a proclamar su camino hacia la felicidad con un anuncio paradójico: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos». Un camino sorprendente, y un extraño objeto de bienaventuranza, la pobreza. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué se entiende por “pobres”? Si Mateo usara solo esta palabra, entonces el significado sería simplemente económico, es decir, indicaría a las personas que tienen pocos o ningún medio de sustento y necesitan ayuda de los demás. 

Pero el Evangelio de Mateo, a diferencia de Lucas, habla de «pobres de espíritu». ¿Qué quiere decir? El espíritu, según la Biblia, es el soplo de la vida que Dios comunicó a Adán; es nuestra dimensión más íntima, digamos la dimensión espiritual, la más íntima, aquella que nos hace personas humanas, el núcleo profundo de nuestro ser. Entonces los “pobres de espíritu” son aquellos que son o se sienten pobres, mendicantes, en lo profundo de su ser. Jesús los proclama Bienaventurados, porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos. 

¡Cuántas veces se nos ha dicho lo contrario! Es necesario ser algo en la vida, ser alguien... Es necesario hacerse con un nombre... Es de aquí que nace la soledad y la infelicidad: si yo tengo que ser “alguien”, entro en competición con los demás y vivo con la preocupación obsesiva por mi ego. Si no acepto ser pobre, comienzo a odiar todo lo que rodea mi fragilidad. Porque esta fragilidad impide que yo me convierta en una persona importante, un rico no sólo en dinero, sino en fama, en todo. 

Cada uno, delante de sí mismo, sabe bien que, por más que se ponga a trabajar, queda siempre radicalmente incompleto y vulnerable. No existe un truco que cubra esta vulnerabilidad. Cada uno de nosotros es vulnerable, dentro. Debe ver en dónde. Pero, ¡Qué mal se vive si se rechazan los propios límites! Se vive mal. No se digiere el límite, está ahí. Las personas orgullosas no piden ayuda porque deben mostrarse autosuficientes. Y cuántos de ellos tienen necesidad de ayuda, pero el orgullo les impide recibir ayuda. Y cuán difícil es admitir un error y pedir perdón. Cuando yo doy un consejo a los nuevos esposos, que me dicen cómo llevar adelante y bien su matrimonio, yo les digo: “Existen tres palabras mágicas: permiso, gracias, perdón”. Son palabras que vienen de la pobreza de espíritu. No es necesario ser entrometidos, sino pedir permiso: “¿Te parece bien que haga esto?”, así hay diálogo en familia, esposa y esposo dialogan. “Tú hiciste esto por mí, gracias, lo necesitaba”. Después siempre se cometen errores, deslices: “Perdóname”. Y normalmente las parejas, los nuevos matrimonios, los que están aquí y muchos, me dicen: “La tercera es la más difícil”, pedir perdón, pedir perdón. Porque el orgulloso no es capaz. No puede pedir perdón: siempre tiene razón. No es pobre de espíritu. En cambio, el Señor nunca se cansa de perdonar; somos nosotros, desafortunadamente, quienes nos cansamos de pedir perdón. El cansancio de pedir perdón: ¡esta es una fea enfermedad! 

¿Por qué es difícil pedir perdón? Porque humilla nuestra imagen hipócrita. Y, sin embargo, vivir buscando ocultar las propias carencias es cansado y angustioso. Jesucristo nos dice: ser pobres es una ocasión de gracia; y nos muestra la salida a esta fatiga. Nos da el derecho de ser pobres de espíritu, porque este es el camino del Reino de Dios. 

Pero hay que destacar algo fundamental: no debemos transformarnos para convertirnos en pobres de espíritu, no debemos realizar ninguna transformación porque los somos ya. Somos pobres... o más claro: somos unos “pobrecillos” en el espíritu. Tenemos necesidad de todo. Somos pobres de espíritu, somos mendicantes. Es la condición humana. 

El Reino de Dios es de los pobres de espíritu. Están aquellos que tienen el reino de este mundo: poseen bienes y tienen comodidades. Pero son reinos que acaban. El poder de los hombres, también los imperios más grandes, pasan y desaparecen. Muchas veces vemos en el noticiero o en los periódicos a aquel gobernador fuerte, poderoso o aquel gobierno que ayer estaba y hoy ya no está más, cayó. Las riquezas de este mundo se van, y también el dinero. Los viejos nos enseñan que el sudario no tenía bolsillos. Es verdad. No he visto nunca detrás de un cortejo fúnebre un camión de mudanzas: nadie se lleva nada. Estas riquezas se quedan aquí. 

El Reino de Dios es de los pobres de espíritu. Están aquellos que poseen los reinos de este mundo, poseen bienes y tienen comodidades. Sin embargo, sabemos cómo acaban. Reina verdaderamente quien sabe amar el verdadero bien más que a sí mismo. Y este es el poder de Dios.

Papa Francisco

El amor es siempre creativo


Serie de catequesis sobre las Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, parte 8, 15 abril 2020

Bienaventurados los que trabajan por la paz 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

La catequesis de hoy está dedicada a la séptima bienaventuranza, la de los “trabajadores de la paz”, que son proclamados hijos de Dios. Me alegro de que caiga inmediatamente después de la Pascua, porque la paz de Cristo es el fruto de su muerte y resurrección, como escuchamos en la lectura de San Pablo. Para entender esta bienaventuranza debemos explicar el significado de la palabra “paz”, que puede entenderse mal o, a veces, trivializarse. 

Debemos orientarnos entre dos ideas de paz: la primera es la bíblica, donde aparece la hermosa palabra shalom, que expresa abundancia, prosperidad, bienestar. Cuando en hebreo se desea shalom, se desea una vida bella, plena y próspera, pero también según la verdad y la justicia, que se cumplirán en el Mesías, Príncipe de la paz. 

Luego está el otro sentido, más difundido, en el que la palabra “paz” se entiende como una especie de tranquilidad interior: estoy tranquilo, estoy en paz. Se trata de una idea moderna, psicológica y más subjetiva. Comúnmente se piensa que la paz sea la tranquilidad, la armonía, el equilibrio interior. Esta acepción de la palabra “paz”es incompleta y no debe ser absolutizada, porque en la vida la inquietud puede ser un momento importante de crecimiento. Muchas veces es el Señor mismo el que siembra en nosotros la inquietud para que salgamos en su búsqueda, para encontrarlo. En este sentido es un momento de crecimiento importante, mientras que puede suceder que la tranquilidad interior corresponda a una conciencia domesticada y no a una verdadera redención espiritual. Tantas veces el Señor debe ser “señal de contradicción”, sacudiendo nuestras falsas certezas para llevarnos a la salvación. Y en ese momento parece que no tengamos paz, pero es el Señor el que nos pone en este camino para llegar a la paz que él mismo nos dará. 

En este punto debemos recordar que el Señor entiende su paz como diferente de la paz humana, la del mundo, cuando dice: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo». La de Jesús es otra paz, diferente de la mundana. 

Preguntémonos: ¿cómo da el mundo la paz? Si pensamos en los conflictos bélicos, las guerras normalmente terminan de dos maneras: o bien con la derrota de uno de los dos bandos, o bien con tratados de paz. No podemos por menos que esperar y rezar para que siempre se tome este segundo camino; pero debemos considerar que la historia es una serie infinita de tratados de paz desmentidos por guerras sucesivas, o por la metamorfosis de esas mismas guerras en otras formas o en otros lugares. Incluso en nuestra época, se combate una guerra “en pedazos” en varios escenarios y de diferentes maneras. Debemos, al menos, sospechar que en el contexto de una globalización compuesta principalmente por intereses económicos o financieros, la “paz” de unos corresponde a la “guerra” de otros. ¡Y ésta no es la paz de Cristo! 

En cambio, ¿cómo “da” su paz el Señor Jesús? Hemos escuchado a San Pablo decir que la paz de Cristo es “la que hace de dos pueblos, uno”, anular la enemistad y reconciliar. Y el camino para alcanzar esta obra de paz es su cuerpo. Porque él reconcilia todas las cosas y hace la paz con la sangre de su cruz, como dice el mismo Apóstol en otro sitio. 

Y aquí, yo me pregunto, podemos preguntarnos todos: ¿Quiénes son, pues, los “trabajadores de la paz”? La séptima bienaventuranza es la más activa, explícitamente operativa; la expresión verbal es análoga a la utilizada en el primer versículo de la Biblia para la creación e indica iniciativa y laboriosidad. El amor, por su naturaleza, es creativo —el amor es siempre creativo— y busca la reconciliación a cualquier costo. Son llamados hijos de Dios aquellos que han aprendido el arte de la paz y lo practican, saben que no hay reconciliación sin la donación de su vida, y que hay que buscar la paz siempre y en cualquier caso. ¡Siempre y en cualquier caso, no lo olvidéis! Hay que buscarla así. No es una obra autónoma fruto de las capacidades propias, es una manifestación de la gracia recibida de Cristo, que es nuestra paz, que nos hizo hijos de Dios. 

El verdadero shalom y el verdadero equilibrio interior brotan de la paz de Cristo, que viene de su Cruz y genera una humanidad nueva, encarnada en una multitud infinita de santos y santas, inventivos, creativos, que han ideado formas siempre nuevas de amar. Los santos, las santas que construyen la paz. Esta vida como hijos de Dios, que por la sangre de Cristo buscan y encuentran a sus hermanos y hermanas, es la verdadera felicidad. Bienaventurados los que van por este camino. 

Y una vez más, ¡Feliz Pascua a todos, en la paz de Cristo!

Papa Francisco

lunes, 6 de abril de 2020

Homilia del Papa Francisco 6 de abril 2020

 Homilía
Este pasaje acaba con una observación: «Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús» (Jn 12,10-11). El otro día vimos los pasos de la tentación: la seducción inicial, la ilusión, que luego crece –segundo paso– y tercero, crece y se contagia y se justifica. Pero hay otro paso: sigue adelante, no se para. Para estos no era suficiente matar a Jesús, sino que ahora también a Lázaro, porque era un testigo de vida.

Pero yo querría detenerme hoy en unas palabras de Jesús. Seis días antes de la Pascua –estamos justo a las puertas de la Pasión– María hace ese gesto de contemplación: Marta servía –como en el otro pasaje– y María abre la puerta a la contemplación. Y Judas piensa en el dinero y en los pobres, pero «no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando» (Jn 12,6). Esta historia del administrador infiel es siempre actual, siempre hay, incluso a alto nivel: pensemos en algunas organizaciones de beneficencia o humanitarias que tienen tantos empleados, muchos, con una estructura llena de gente, y al final llega a los pobres el cuarenta por ciento, porque el sesenta es para pagar el sueldo de tanta gente. Es un modo de hacerse con el dinero de los pobres. Pero la respuesta es Jesús. Y aquí quiero detenerme: «a los pobres los tenéis siempre con vosotros» (Jn 12,8). Esa es una realidad: «porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros». Los pobres existen. Hay muchos: está el pobre que vemos, y esa es la mínima parte; la gran cantidad de pobres son los que no vemos: los pobres escondidos. Y no los vemos porque entramos en la cultura de la indiferencia que es negacionista y negamos: “No, no, no hay tantos, no se ven; sí, algún caso…”, disminuyendo siempre la realidad de los pobres. Pero hay muchos, muchos.

O aunque no entremos en esa cultura de la indiferencia, es habitual ver a los pobres como adornos de una ciudad: “sí, los hay, como las estatuas; sí, hay, se ven; sí, aquella viejecita que pide limosna, aquel otro...”. ¡Como si fuese algo normal: es parte de la ornamentación de la ciudad tener pobres! Pero la gran mayoría son los pobres víctimas de las políticas económicas, de las políticas financieras. Algunas estadísticas recientes lo resumen así: hay mucho dinero en manos de pocos y mucha pobreza en manos de muchos. Y esa es la pobreza de tanta gente víctima de la injusticia estructural de la economía mundial. Y hay muchos pobres que tienen vergüenza de mostrar que no llegan a fin de mes; tantos pobres de clase media, que van a escondidas a Cáritas y, a escondidas, piden y sienten vergüenza. Los pobres son muchos más que los ricos; muchos más. Y lo que dice Jesús es cierto: «porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros». ¿Pero yo los veo? ¿Me doy cuenta de esa realidad? Sobre todo de la realidad escondida, de los que tienen vergüenza de decir que no llegan a fin de mes.

Recuerdo que en Buenos Aires me dijeron que el edificio de una fábrica abandonada, vacía desde hacía años, estaba habitada por unas quince familias que habían llegado en aquellos últimos meses. Y fui allí. Eran familias con niños y cada una había ocupado una parte de la fábrica abandonada para vivir. Y, mirando, vi que cada familia tenía muebles buenos, muebles de clase media y televisión, pero fueron allí porque no podían pagar el alquiler. Los nuevos pobres que deben dejar la casa porque no pueden pagarla, van allí. Es esa injusticia de la organización económica o financiera lo que les lleva allí. Y hay tantos, tantos, que los encontraremos en el juicio. La primera pregunta que nos hará Jesús es: “¿Qué tal con los pobres? ¿Les diste de comer? Cuando estaban en la cárcel, ¿los visitaste? En el hospital, ¿los fuiste a ver? ¿Asististe a la viuda, al huérfano? Porque allí estaba Yo”. De eso seremos juzgados. No seremos juzgados por el lujo o los viajes que hagamos o la importancia social que tengamos. Seremos juzgados por nuestro trato con los pobres. Y si yo, hoy, ignoro a los pobres, los dejo de lado, creo que no hay, el Señor me ignorará en el día del juicio. Cuando Jesús dice: «A los pobres los tenéis siempre con vosotros», quiere decir: “Yo, estaré siempre con vosotros en los pobres. Estaré presente ahí”. ¡Y eso no es ser comunista, es el centro del Evangelio: seremos juzgados por eso!

domingo, 14 de febrero de 2016

Un regalito para la Cuaresma

Hablando siempre del tema del AMOR.
Un regalo para meditar:
El Papa Francisco propone 15 sencillos actos de caridad que él ha mencionado como manifestaciones concretas de amor: 
1. Sonreír, un cristiano siempre es alegre!
2. Dar las gracias (aunque no "debas" hacerlo).
3. Recordarle a los demás cuanto los amas.
4. Saludar con alegría a esas personas que ves a diario.
5. Escuchar la historia del otro, sin prejuicios, con amor.
6. Detenerte para ayudar. Estar atento a quien te necesita.
7. Levantarle los ánimos a alguien.
8. Celebrar las cualidades o éxitos de otro.
9. Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita.
10. Ayudar cuando se necesite para que otro descanse.
11. Corregir con amor, ni callar por miedo.
12. Tener buenos detalles con los que están cerca de ti.
13. Limpiar lo que uso en casa.
14. Ayudar a los demás a superar obstáculos.
15. Llamar por teléfono a tus padres.
EL MEJOR AYUNO
¿Te animas a ayunar en esta cuaresma?
• Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas
• Ayuna de descontentos y llénate de gratitud
• Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de paciencia
• Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo
• Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios
• Ayuna de quejarte. llénate de las cosas sencillas de la vida
• Ayuna de presiones y llénate de oración
• Ayuna de tristezas y amargura y llénate de alegría el corazón
• Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás
• Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación
• Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escuchar a los otros
Si todos intentamos este ayuno, lo cotidiano se llenará de:
PAZ, CONFIANZA, ALEGRÍA Y VIDA
CUARESMA 2016

Mensaje del Papa a los Obispos mexicanos.

“MÉXICO NECESITA OBISPOS SERVIDORES. NO PRÍNCIPES”, señala Papa en Catedral
24 Horas
Teresa Moreno | Redacción 24 HORAS Hace 49 minutos
Luego de un breve recorrido al interior de la Catedral Metropolitana, el papa Francisco se reúne con los 18 arzobispos de México, así como con obispos, con el objetivo de reafirmar la misión de la Iglesia Católica en el país.
En el encuentro de carácter semiprivado participan 100 invitados de la Conferencia Episcopal y 50 familiares de canónigos de la Catedral, según informó en su momento el director general de Comunicación Social del Arzobispado de México, Hugo Valdemar Romero.
TENER MIRADA LIMPIA
En su discurso, el papa Francisco pidió a los obispos tener mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso, no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa.
Pidió que no pongan su confianza en los carros y caballos de los faraones actuales por que dijo nuestra fuerza es la columna e fuego que rompe dividiendo en dos la marejada de mar sin hacer grande rumor.
Dios no necesita de colores apagados para diseñar su rostro. Sean obispos capaces de imitar a Dios, eligiendo cuanto es humilde. Una mirada de singular delicadeza les pido para los pueblos indígenas y sus fascinantes y no pocas veces masacradas culturas.
PAPA HABLA EN LA CATEDRAL METROPOLITANA FRENTE A OBISPOS DE MÉXICO
Señala que la pérdida del temor a Dios es responsable de la pérdida del sentido sobre el valor de la vida humana, de la persona y los valores y del respeto por la naturaleza.
Sin este temor incluso al trabajo por la defensa de los Derechos Humanos le faltará la savia vital que puede provenir sólo de un manantial que la humanidad no podrá darse jamás a sí misma.
Pide a los Obispos promover el seno misionero y señala que comprender esta misión, es el futuro de la Iglesia. También pide involucrar a los laicos en esta labor.
Pide unidad episcopal
Sí tienen que pelearse peléense, si tienen que decirse cosas díganselas pero como hombres: en la cara, pero mantengan la unidad episcopal.
México tiene necesidad de obispos servidores y custodios de la unidad. No se necesitan príncipes, sino una comunidad de testigos del Señor.
México tiene necesidad de sus raíces amerindias para no quedarse en un enigma irresuelto. Los indígenas de México aún esperan que se les reconozca efectivamente la riqueza de su contribución y la fecundidad de su presencia.
Pidió a los obispos custodiar la memoria del largo camino hasta ahora recorrido. Sepan suscitar la esperanza de nuevas metas.
Ayuden a recordar la medida alta que México puede alcanzar si aprende a pertenecerse a sí mismos antes que a otros; de motivar a la Nación a no contentarse con menos de cuanto se espera del modo mexicano de habitar en el mundo.
Los invito a cansarse sin miedo en la tarea de evangelizar. Nuestro tiempo requiere atención personal a las personas, dijo.

lunes, 28 de diciembre de 2015

III Congreso mundial de Movimientos y Nuevas Comunidades

El Papa Francisco recibió esta mañana a los más de 300 participantes del III Congreso mundial de Movimientos y Nuevas Comunidades, organizado por el Pontificio Consejo para los Laicos y que ha congregado a los fundadores y responsables de las realidades eclesiales más extendidas por el mundo.

http://www.ewtnnoticias.com/noticias-catolicas/noticia.php?id=34074

domingo, 6 de diciembre de 2015

Año de la Misericordia

Hermanos todos,
Les estoy enviando información que recibo diariamente del vaticano a través de este organismo y les exhorto a que si pueden se suscriban ya que nos mantienen informado de todo lo concerniente a cambios, cartas, encíclicas, documentos etc…creo que como cristianos tenemos que estar informados de todo lo que acontece a nuestra fe y a nuestra Iglesia de la que somos parte y conformamos todos como cuerpo místico de Cristo que somos. Este año el Santo padre ha querido regalarnos el año de La Misericordia, año en el que tendremos también nosotros que ser misericordiosos con nuestro próximo, recordando también que Jesús nos lo pide “Sed misericordiosos así como vuestro Padre es Misericordioso….” (Lucas 6:36) He pedido que la Iglesia redescubra en este tiempo jubilar la riqueza contenida en las obras de misericordia corporales y espirituales. La experiencia de la misericordia, en efecto, se hace visible en el testimonio de signos concretos como Jesús mismo nos enseñó. (Santo Padre Francisco) (VATICANO, 01 Sep. 15 / 06:43 am (ACI).-
No podemos tampoco olvidar que nuestra Madre también ora por nosotros para que podamos acoger al más posible (alejado) y podamos decirle a través de nuestro amor y misericordia (con nuestro ejemplo) que “Dios le ama”
En este año que comienza hay mucho por hacer sobre todo tenemos que comenzar por el “Conócete a ti Mismo del que se nos habla ese Jueves en Cursillo,” hermanos no perdamos la oportunidad de conocernos a nosotros mismos para que por fin se dé el encuentro tan esperado el de cada uno de nosotros individualmente con Cristo nuestro Señor, nuestro amigo ese que no nos falla y que al encontrarnos con EL, nos regala el regalo más grande que tenemos los que hemos experimentado eso de “Tener Amigos” Este triple encuentro nos hace que seamos mejores personas ya que el amigo es ese que nos ayuda a re-descubrir el SER que somos y nos ayuda a corregir desde esa íntima amistad “en reunión de Grupo” lo que tenemos a bien y lo debemos mejorar.
Nuestro caminar tiene que ser en compañía con Cristo y nuestros hermanos, así pues comencemos este año de la Misericordia tratando de ser mejores amigos y hermanos en Cristo y sobre todo siguiendo la línea de la nueva evangelización de la cual el Concilio Vaticano II nos habla y comencemos a vivir Cristiania mis hermanos.
La frase del día 4 de diciembre
"Es importante aquello en lo que creemos, pero más importante aún es Aquel en quien creemos"
Benedicto XVI
El próximo 8 de diciembre, el papa Francisco abrirá la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro y dará inicio al Año Santo
Rocío Lancho García | 04 de dic | ZENIT.org | Papa y Santa Sede | Ciudad del Vaticano | 63
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Miles de peregrinos de todo el mundo se pondrán estos días en camino para poder celebrar en Roma el inicio del Año Jubilar de la Misericordia. El próximo martes 8 de diciembre, el papa Francisco abrirá la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.
Monseñor Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, ha presentado este viernes por la mañana a la prensa, los últimos detalles. Será --ha asegurado-- un momento fuerte para toda la Iglesia que permitirá recordar que la misericordia es la esencia de del anuncio del Señor en el mundo y para hacer de cada creyente instrumento tangible de la ternura de Dios.
Monseñor Fisichella ha explicado que desde el 1 de diciembre, en la Vía de la Conciliación n. 7, está abierto para los peregrinos el punto de información sobre el programa del Jubileo, para inscribirse para la peregrinación a la Puerta Santa, recoger las entradas para diversas celebraciones y retirar el testimonium de la participación al Jubileo.
El buen desarrollo de los eventos del Año Santo, será en parte gracias a la labor de cientos de voluntarios que prestarán un servicio de recepción y asistencia a todos los peregrinos, “en particular en Vía de la Conciliación, la plaza de San Pedro, en las otras Basílicas y en las iglesias jubilares”.
¿Cómo se desarrollará el gran evento del día 8 de diciembre? Monseñor Fisichella ha explicado tendrá lugar en la plaza de San Pedro a partir de las 9:30 horas. Será introducida por la lectura de algunos fragmentos de las cuatro constituciones conciliares (Dei Verbum, Lumen Gentium, Sacrosanctum Concilium y Gaudium et Spes), y de dos fragmentos respectivamente de Unitatis Redintegratio, sobre el ecumenismo, y de Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa. Porque en esa fecha se celebra el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II.
Tal y como ha indicado el presidente del Dicasterio para la Nueva Evangelización, la celebración eucarística se iniciará llevando procesionalmente el Evangeliario preparado especialmente para el Jubileo por el padre Rupnik y publicado por la editorial San Pablo. Una obra de arte que lleva sobre la cubierta una reproducción en mosaico del logotipo del Jubileo. El Evangeliario se colocará en el mismo atril que durante todas las sesiones del Concilio se colocó en el altar de la basílica de San Pedro para hacer evidente a todos los primados de la Palabra de Dios.
Por otro lado, ha precisado que en lo que respecta más directamente a la apertura de la Puerta Santa, la ceremonia muy sencilla, será seguida por televisión en todo el mundo. “El Papa pedirá la apertura de la Puerta y la atravesará. Después de él, los cardenales, los obispos y representantes de los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos la cruzarán dirigiéndose luego en procesión hasta la tumba del apóstol Pedro desde donde tendrá lugar la santa misa. El Papa después rezará el ángelus como de costumbre desde la ventana del Palacio Apostólico'', ha indicado monseñor Fisichella.
Otro acto organizado para la tarde del día 8 de diciembre, es la presentación titulada “Fiat lux: Illuminating Our Common Home” que tendrá lugar en la plaza de San Pedro. Se trata de una proyección de fotografías sobre la fachada y la cúpula, sacadas del repertorio de algunos de los grandes fotógrafos del mundo, que presentan imágenes inspiradas en la misericordia, la humanidad, el mundo natural y el cambio climático. El espectáculo será ofrecido por la Word Bank Group (Connect4Climate), de Paul G. Allen's Vulcan Productions, de la Fundación Li Ka-shing y del Okeanos.
Días después, el 13 de diciembre, por primera vez en la historia de los Jubileos, se abrirán las Puertas Santas en todas las catedrales del mundo. Y es que como ha recordado monseñor Fisichella, “el papa Francisco ha deseado que el Jubileo de la Misericordia se desarrolle sobre todo en las Iglesias particulares”. El Santo Padre abrirá también ese día la Puerta Santa de la catedral de Roma, San Juan de Letrán. Finalmente, el día 18 de diciembre, el Pontífice abrirá la Puerta de la Misericordia de un centro de Cáritas en Roma, “Don Luigi Di Liegro”. Esta será el primero --ha informado-- con el que el Papa dará inicio a una serie de signos que un viernes al mes pretende ofrecer como expresión de las obras de misericordia.
Por otro lado, ha anunciado que a partir del día de la apertura de la Puerta Santa, durante todo el Jubileo, en la plaza de San Pedro se recitará el Rosario frente a la estatua de San Pedro. Será animado, por turnos, por algunas parroquias de Roma dedicadas a la Virgen, por Institutos religiosos presentes en la ciudad con una particular consagración a la Madre de Dios y por algunos Institutos de formación.
A propósito de los Misioneros de la Misericordia, que recibirán de parte del Santo Padre la facultad de perdonar pecados reservados a la Sede Apostólica, monseñor Fisichella ha anunciado que se ha llegado a más de 800 y ya se han cerrado las inscripciones.
Respondiendo a la pregunta de un periodista sobre la seguridad durante este Año Santo, ha asegurado que hay una garantía total para todos los peregrinos y ha advertido que no debemos dramatizar por el hecho de estar en Roma. Respecto al número de peregrinos que vendrán, ha observado que es muy difícil calcularlo, pero que lo importante para el dicasterio es “recibirlos y hacer que vivan una experiencia de fe”.
Finalmente, monseñor Fisichella ha recordado que durante el Jubileo, el Santo Padre tendrá audiencias generales también un sábado al mes. Para acceder a toda la información necesaria sobre el Jubileo de la Misericordia, puede consultar la página web oficial
Un abrazo en Cristo
Janire Pagan
De Colores!
“Ser cristiano, más que otra cosa, es sentirse amado por Dios, y vivir asombrándose de ello, ya que lo más genuinamente cristiano es dejarse amar por Dios.”
(Eduardo Bonnìn Aguilò)

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Del Papa Francisco

BUENO PARA LAS ESCUELAS DE DIRIGENTES
Y PARA LOS SECRETARIADOS A CUALQUIER NIVEL,
ESPERAMOS QUE LO DISFRUTEN.

El papa Francisco llegó a las 8 de la mañana en helicóptero a la ciudad industrial italiana de Prato, tras haber partido a las 7:00 desde la Ciudad del Vaticano. En el papamóvil el Santo Padre se dirigió hasta la plaza central en donde se encuentra el famoso Duomo de Prato, o sea, su catedral. 
Muchas personas habían esperado desde las 4 de la mañana para poder estar en las primeras filas y saludar al Santo Padre y un grupo de jóvenes realizó una vigilia de oración. Una pantalla gigante ayudaba a seguir la visita del Santo Padre en el interior del 'Duomo' de origen medieval. Allí en la catedral, Francisco saludó a los enfermos, varios de ellos en silla de ruedas.  
En la catedral de Prato se cuentra la reliquia de la 'sacra cintola', el sagrado cinturón, que según indica la tradición, la Virgen María le entregó al apóstol Tomás como prueba de su asunción al Cielo. Poco después, el Santo Padre realizó un momento de oración delante de esta reliquia, y escribió algunas palabras en un libro. 
A continuación, cuando el Papa se asomó al púlpito de Donatello, que da hacia el exterior de la iglesia, miles de personas que estaban en la plaza lo ovacionaron agitando pañuelos y banderas con los colores del Vaticano y coreando 'Francesco'.
"He venido como un peregrino, de pasada, poca cosa, pero la voluntad está", dijo el Papa, y les recordó que esta ciudad "a través de los siglos tuvo la definición de Ciudad de María", debido a la reliquia "que acabo de venerar". O sea "un signo de bendición para vuestra ciudad". 
El Santo Padre indicó algunos pensamientos que le vinieron: "No quedarnos cerrados en la indiferenecia, abrirnos y sentirlos llamados a alcanzar a los otros para compartir la alegría de haber encontrado al Señor", dijo. E invitó a "salir para acercarnos a los hombres de nuestro tiempo".
"Salir significa arriesgar" porque "no hay fe sin riesgo", dijo, pero "una fe que se queda en casa no es fiel al Señor". Y reiteró que hay que buscar la ruta y no el refugio de un puerto seguro porque "el Señor quiere llegar a quien no lo conoce y nos impulsa". E insistió en el tema: "Hemos sido servidos por Dios que se hizo nuestro prójimo, para a su vez servir a quien está cerca de nosotros".
El Pontífice agradeció también a los ciudadanos de Prato por "el trabajo de integración que se contrapone a la cultura del descarte". Así como "a las familias que adoptan" y sin desanimarse delante de las dificultades, "o situaciones difíciles de convivencia". Invitó por ello a crear "pactos de proximidad".
Otro tema que propuso, citando a san Pablo cuando invita a los cristianos a usar la armadura de Dios, las virtudes, fue el de buscar siempre la verdad. "No es fácil --dijo el Papa-- pero es una decisión vital que tiene que marcar la existencia de cada uno, de la sociedad, para que sea más justa, más honesta". Y señaló "la sacralidad de todo ser humano pide respeto, acogida y un trabajo digno". 
"Me permito recordar los cinco hombres y dos mujeres de ciudadanía china que murieron hace dos años debido a un incendio en la zona industrial de Prato" indicó el Santo Padre, y recordó que ellos vivían y dormían en el interior de la misma fábrica en la que trabajaban, con divisiones de cartón y camas camarote."Es una tragedia de la explotación y condiciones inhumanas de vida, y esto no es trabajo digno" exclamó. 
Y recordó que la vida de cada comunidad exige "que se combata el cáncer de la corrupción", de la "explotación humana y laboral" porque es el terreno de la ilegalidad. 
Al concluir sus palabras Francisco animó a todos, especialmente a los más jóvenes: "Me dijeron que han hecho una vigilia de oración, gracias, gracias", y les invitó a "no ceder al pesimismo y a la resignación". 
Y recordándo la reliquia de la Virgen que la ciudad custodia en el 'Duomo', les recordó: "María en un silencio operoso transformó el sábado de la desilusión en el alba de la resurrección". E invitó que si alguien "se siente oprimido por las circunstancias de la vida se confíe a María, que es nuestra madre que nos anima a poner confianza en Dios". Porque "su hijio no traicionará nuestas expectativas y sembrará en nuestros corazonas una esperanza que no desilusiona". 
Desde la ciudad de Prato situada a 15 kilómetros de Florencia, en donde hay personas de 123 nacionalidades distintas, en particular de China, Albania, Rumanía y también una comunidad latinoamericana, partió a la metrópoli de Florencia, a la Catedral, para reunirse con los participantes del V Congreso eclesial de la Iglesia italiana.

sábado, 2 de mayo de 2015

Mensaje del Papa Francisco en la Ultreya Europea



Papa Francisco

(RADIO VATICANA).- “Hoy también ustedes quieren anunciar la Buena Nueva del amor de Dios, acercándose a los amigos, a los conocidos, a los compañeros de estudio y trabajo para que ellos también puedan vivir una experiencia personal del amor infinito de Cristo que libera y transforma la vida. ¡Qué necesario es salir, sin cansarse, para encontrar a los lejanos!”, dijo el Obispo de Roma en el Aula Pablo VI colmada por los miembros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.

“Este es para ustedes un verdadero encuentro entre amigos, un encuentro fraterno de oración, de fiesta y del compartir de su experiencia de vida cristiana”, expresó, después de escuchar a los que manifestaron los propósitos, las problemáticas y las perspectivas del Movimiento y antes de ofrecerles algunas sugerencias útiles para el crecimiento espiritual y su misión en la Iglesia y en el mundo.

“Ustedes están llamados a hacer que dé fruto el carisma que el Señor les ha confiado y que está en el origen de los Cursillos de Cristiandad…”. Para ayudar a otros a crecer en la fe “se debe experimentar en primera persona la bondad y la ternura de Dios. De hecho, nosotros somos movidos por el deseo de ofrecer misericordia cuando experimentamos el amor misericordioso del Padre por nosotros mismos” citando Evangelii Gaudium, 24. Dijo también que “el Señor quiere encontrarnos, habitar con nosotros, ser nuestro amigo y hermano, nuestro maestro que nos revela el camino a seguir para llegar a la felicidad. Él no pide nada a cambio, pide sólo recibirlo, porque el amor de Dios es gratuidad, puro don. El encuentro con Cristo y con la misericordia del Padre que Él nos dona, es posible sobre todo en los Sacramentos…”, “Otra camino es la meditación de la Palabra de Dios… Por último, encontramos el amor de Cristo en la Iglesia… Todo en la comunidad eclesial tiene como finalidad hacer tocar con la mano a las personas la infinita misericordia divina”.
El Vicario de Cristo concluyó su exhortación animando a que “las reuniones de pequeño grupo es importante acompañarlas con momentos que favorezcan la apertura a una dimensión social y eclesial más grande, involucrando también a los que entran en contacto con su carisma, pero que no suelen participar habitualmente en un grupo. La Iglesia, de hecho, es una «madre de corazón abierto» que nos invita a veces a «detener el paso», a «dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar», a «renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino» (Exhort. Ap. Evangelii Gaudium, 46). Es bello ayudar a todos, también a aquellos a quienes les cuesta más vivir su propia fe, a permanecer en contacto con esta madre, siempre cercanos a esta gran familia acogedora que es la Iglesia”. Servicio de Jesuita Guillermo Ortiz de RADIO VATICANA Traducción del italiano del texto leido por el Papa sin los agregados Queridos hermanos y hermanas, Saludo a todos ustedes, miembros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad en Europa, junto con los obispos y sacerdotes que los acompañan. Ustedes han venido a Roma para su Ultreya, nombre que retoma el antiguo saludo de los peregrinos de Santiago de Compostela, que se animaban los unos a los otros a ir “más allá”, “siempre más allá”. Este es para ustedes un verdadero encuentro entre amigos, un encuentro fraterno de oración, de fiesta y del compartir de su experiencia de vida cristiana. Doy las gracias a sus representantes que han manifestado los propósitos, las problemáticas y las perspectivas de su Movimiento. Por mi parte, quisiera ofrecerles algunas sugerencias útiles para su crecimiento espiritual y su misión en la Iglesia y en el mundo.

Ustedes están llamados a hacer que dé fruto el carisma que el Señor les ha confiado y que está en el origen de los Cursillos de Cristiandad, en cuyo grupo de iniciadores se destacan Eduardo Bonnin Aguiló y el entonces obispo de Mallorca, Juan Hervás y Benet, quien supo acompañar el crecimiento del Movimiento con paternal cuidado. En los años cuarenta del siglo pasado ellos, junto con otros jóvenes laicos, se dieron cuenta de la necesidad de llegar a sus coetáneos vislumbrando el deseo de verdad y amor presente en sus corazones. Estos pioneros de su Movimiento fueron auténticos misioneros: no dudaron en tomar la iniciativa y con valentía se acercaron a las personas, involucrándolos con simpatía y acompañándolos en el camino de la fe con respeto y amor. Siguiendo su ejemplo, hoy también ustedes quieren anunciar la Buena Nueva del amor de Dios, acercándose a los amigos, a los conocidos, a los compañeros de estudio y trabajo para que ellos también puedan vivir una experiencia personal del amor infinito de Cristo que libera y transforma la vida. ¡Qué necesario es salir, sin cansarse, para encontrar a los lejanos!

Para ayudar a otros a crecer en la fe, cumpliendo un recorrido de acercamiento al Señor, se debe experimentar en primera persona la bondad y la ternura de Dios. De hecho, nosotros somos movidos por el deseo de ofrecer misericordia cuando experimentamos el amor misericordioso del Padre por nosotros mismos (cf. ib. Evangelii Gaudium, 24). El Señor quiere encontrarnos, habitar con nosotros, ser nuestro amigo y hermano, nuestro maestro que nos revela el camino a seguir para llegar a la felicidad. Él no pide nada a cambio, pide sólo recibirlo, porque el amor de Dios es gratuidad, puro don. El encuentro con Cristo y con la misericordia del Padre que Él nos dona, es posible sobre todo en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía y en la Reconciliación. En la Santa Misa celebramos el memorial de su sacrificio: todavía hoy Él realmente dona su cuerpo por nosotros y derrama su sangre para redimir a la humanidad. En la Penitencia, Jesús nos recibe con todas nuestras limitaciones y pecados, para donarnos un corazón nuevo capaz de amar como Él, que amó hasta el extremo (cf. Jn 13,1). Otra vía es la meditación de la Palabra de Dios, especialmente la lectio divina, a través de la cual podemos escuchar al Señor, que nos muestra el camino a seguir y nos anima ante las incertidumbres y las dificultades que la vida presenta. Por último, encontramos el amor de Cristo en la Iglesia, que testimonia en las diversas actividades, la caridad de Dios. Todo en la comunidad eclesial tiene como finalidad hacer tocar con la mano a las personas la infinita misericordia divina.

El método de evangelización de los Cursillos nació precisamente de este ardiente deseo de amistad con Dios, del cual brota la amistad con los hermanos. Desde el principio se entendió que sólo al interno de relaciones de amistad genuinas era posible preparar y acompañar a las personas en su camino, un camino que parte de la conversión, pasa a través del descubrimiento de la belleza de una vida vivida en la gracia de Dios, y llega hasta la alegría de convertirse en apóstoles en la vida cotidiana. Y así, desde entonces, miles de personas en todo el mundo han sido ayudadas a crecer en la vida de fe. En el contexto actual de anonimato y aislamiento típico de nuestras ciudades, cuán importante es la dimensión acogedora, familiar, a escala humana, que ustedes ofrecen en los encuentros de grupo. Que siempre puedan mantener el clima de amistad y de fraternidad en el cual rezar y compartir cada semana las experiencias, éxitos y fracasos apostólicos.

A estas reuniones de pequeño grupo es importante acompañarlas con momentos que favorezcan la apertura a una dimensión social y eclesial más grande, involucrando también a los que entran en contacto con su carisma, pero que no suelen participar habitualmente en un grupo. La Iglesia, de hecho, es una «madre de corazón abierto» que nos invita a veces a «detener el paso», a «dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar», a «renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino» (Exhort. Ap. Evangelii Gaudium, 46). Es bello ayudar a todos, también a aquellos a quienes les cuesta más vivir su propia fe, a permanecer en contacto con esta madre, siempre cercanos a esta gran familia acogedora que es la Iglesia.

¡Los animo a ir “siempre más allá”, fieles a su carisma! A mantener vivo el celo, el fuego del Espíritu que siempre impulsa a los discípulos de Cristo a alcanzar a los lejanos, a «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (ibíd., 20). ¡Qué bello es anunciar a todos el amor de Dios que salva y da sentido a nuestra vida! ¡Ayudar a los hombres y mujeres de hoy a descubrir la belleza de la fe y de la vida de gracia que se puede vivir en la Iglesia, nuestra madre! Y lo harán si son dóciles, en actitud de humildad y confianza a la guía de esta santa madre, que siempre busca el bien de todos sus hijos; si están en sintonía con sus Pastores y unidos a ellos en la misión de llevar a todos la alegría del Evangelio.

Que los ayude en su camino y en su apostolado la Virgen María, Madre de la divina Gracia. De corazón les doy mi bendición, y les pido que por favor recen por mí.

AUDIO: http://es.radiovaticana.va/news/2015/04/30/ayudar_a_descubrir_la_belleza_de_la_fe_y_la_vida_de_gracia/1140946