Acerca de nosotros

Somos un grupo de cursillistas que vivimos en Canadá y queremos ser fieles al Carisma Fundacional del Movimiento. Carisma recibido por Eduardo Bonnín, fundador del mismo. Nuestro deseo es propagar el Carisma del Movimiento. De esta manera se podrá continuar con lo que Eduardo fundó. Evitando así las desviaciones, modificaciones o agregados que con buena intensión se hacen pero que se alejan de lo que son verdaderamente los Cursillos de Cristiandad.

Eduardo define así:

"El Cursillo de Cristiandad es un movimiento que, mediante un método propio, intenta, y por la gracia de Dios, trata de conseguir que las realidades esenciales de lo cristiano, se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de la persona, para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, vaya tomando interés en emplear su libertad para hacerlas convicción, voluntad para hacerlas decisión y firmeza para realizarlas con constancia en su cotidiano vivir personal y comunitario".

martes, 30 de agosto de 2022

(1) ¿Treinta años inútiles?

(Mayo de 1969: “Seréis mis testigos” de Juan Esquerda Bifet, es un conjunto de escritos del propio autor, que contesta a la pregunta: ¿Existen testigos de la presencia de Cristo entre nosotros? En la contraportada, expresamente insiste: “Un servicio a los Cursillistas de Cristiandad” El fragmento que se reproduce a continuación es uno de ellos).

(1) ¿Treinta años inútiles?

Decían: ¿no es éste el hijo de José?...
Se llenaron de cólera y levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad para precipitarle de allí; pero Él, atravesando por medio de ellos, se fue.
(Lc.4,22; cfr.Mt.13,54s; Jn.6,42)

- Cristo convivió treinta años con sus paisanos de Nazaret. Comió su mismo pan y mascó su misma miseria. Se había “encarnado” hasta las últimas circunstancias. Amó, sin más. Y el que ama está condenado a ser juzgado como si no amara. Como el granito de trigo, Cristo se escondió en el surco, sin poesía. Sudor, trabajo, ansiedad, hambre y hasta miseria, injusticias... Entonces, como ahora, pensaba en cada uno de nosotros. El amor al Padre y a los hermanos le llenaba las aspiraciones grandiosas de su ser. Pero cuando descorrió el velo de su secreto, se encontró con la incomprensión. Como ahora. Porque Cristo sigue amando a cada uno, aún (y más si cabe) a los que no creen, a los que huyen o quieren olvidar. La venganza de Cristo es seguir amando y dejar en nuestro corazón el sinsabor de quien, en el fondo, sabe que Cristo tiene razón.

- No puede ser que Dios ame tanto... Jesucristo amó sin satisfacer las aspiraciones propagandísticas y nacionalistas de los nazarenos. Les amó de veras, de la manera que ellos no podían sospechar, de la mejor manera posible: habiéndose hecho uno de ellos, pero sin ceder ante aspiraciones de gallinero. Por esto protestaron. El “hijo de José”, el carpintero, no podía ser el “Cristo” ... Ahora pasa lo mismo: no puede ser que Dios nos ame en nuestra misma circunstancia, no puede ser que Cristo se esconda aquí, en el prójimo, en el dolor... ¡Sí puede ser! Porque Dios es Amor... ¿Pasará Cristo de largo para no volver?

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