Acerca de nosotros

Somos un grupo de cursillistas que vivimos en Canadá y queremos ser fieles al Carisma Fundacional del Movimiento. Carisma recibido por Eduardo Bonnín, fundador del mismo. Nuestro deseo es propagar el Carisma del Movimiento. De esta manera se podrá continuar con lo que Eduardo fundó. Evitando así las desviaciones, modificaciones o agregados que con buena intensión se hacen pero que se alejan de lo que son verdaderamente los Cursillos de Cristiandad.

Eduardo define así:

"El Cursillo de Cristiandad es un movimiento que, mediante un método propio, intenta, y por la gracia de Dios, trata de conseguir que las realidades esenciales de lo cristiano, se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de la persona, para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, vaya tomando interés en emplear su libertad para hacerlas convicción, voluntad para hacerlas decisión y firmeza para realizarlas con constancia en su cotidiano vivir personal y comunitario".

sábado, 12 de noviembre de 2022

LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD UN MOVIMIENTO DENTRO DE LA IGLESIA Y PARA EL MUNDO

El difícil retorno a la memoria

Luis A. Martinez Martinez
Valdivia, Chile, mes de junio del año 2021.

Muchos años han pasado desde el Concilio Vaticano II , al año 2021 en que vivimos, con 55 años en los que transitamos desde una iglesia cerrada, patrimonio de unos pocos, alejada de la praxis de Jesús, centrada en la ritualidad sin considerar a la persona, centrada en el castigo más que en acoger, etc., a una iglesia que comienza a pensar en el papel del seglar, tímidamente primero, después exigiendo que el seglar sea reconocido también en la dimensión del triple sacerdocio al que nos llamaba Jesús hace dos mil años.

Muchos se preguntan hoy que tienen que ver estas cosas con lo que sucede en las asociaciones laicales, de paso, reconocidas y bendecidas por los papas y el Magisterio de la Iglesia, que llevan a esos muchos a preguntarse porque estamos centrándonos en una discusión vieja sobre cuestiones que han sido superadas por la historia. Sin embargo, de pronto las ágoras virtuales se llenan de imprecisiones provocadas por un profundo desconocimiento del papel del seglar en la iglesia de hoy, situación que a veces se centra en cuestiones pueriles (“somos de iglesia o no”, “somos laicales y no eclesiales”, “somos una secta en contra de los curas”, “IIFF lo dice” …)

Algunos, y cada vez muchos más, intentamos ir centrando estas cosas de acuerdo con nuestra experiencia en la iglesia de hoy, y muchas veces hay que entrar a reexplicar verdades y cosas que ya deberíamos conocer: que ser seglar no es en oposición a los curas y la iglesia (vamos…. todos conocemos el Evangelio cuando dice “yo soy la vid y ustedes los sarmientos”, la lectura que habla sobre el Cuerpo místico de Cristo, la del triple sacerdocio, etc…)

En estos días, se revive esa vieja discusión cuando el MCC se encuentra sumido en una discusión provocada por el poder temporal, lleno de estructuras de mando, de verdades oficiales, de llamado a la sumisión, y cuando alguien intenta reflexionar sobre nuestro papel, al que se le acusa lisa y llanamente de divisionista y fuera de la comunión. 

Hace unas semanas, uno de los nombrados “Coordinador de Grupos Internacionales del MCC”, declaro que algunos dentro del MCC han cometido la herejía de decir que el MCC es laical y no eclesial, en contraposición a las líneas que menciona las llamadas IIFF en torno a que el MCC “es un movimiento de Iglesia”. Eduardo Bonnin, indiscutido seglar predominante en los inicios del MCC, y para mí, fundador del MCC, y quien rezó y escribió el Método del MCC,  volcó esto en “Vertebración de Ideas”, entre otros libros que recogen su memoria, habla de que esa definición es desacertada, que fue aceptada sin más en las II IIFF, que no fue suficientemente profundizada, y que imagino costaba mucho intentar cambiarla desde el libro ya escrito. Eduardo afirma que “el MCC intenta desde la iglesia…”, un movimiento “dentro de la Iglesia”, que eclosiona un montón de críticas, algunas muy bien intencionadas y otras muchas,  lamentablemente arraigadas en un clericalismo exacerbado y en un pensamiento preconciliar.

En esta discusión, muchos hemos intentado iluminar estos momentos de tensión, haciendo un llamado a escuchar la voz del Magisterio de la Iglesia, la voz de los papas y en particular de Francisco que reitera el papel del seglar en el mundo de hoy, en torno a iluminar el mundo con el evangelio, a salir de las parroquias, a seguir al Maestro desde su ejemplo, desde la humilde praxis y camino de Jesús. Por eso, cuando me preguntan acerca de que “los laicos son DE iglesia”, les digo que es diferente hablar de “personas de iglesia” que de “iglesia de personas”, que es diferente hablar de “cristiandad” que hablar de “cristianía”, que es diferente hablar de “laico” que hablar de “seglar”. Esas diferencias ya las ha explicado Eduardo en sus libros, porque él siempre creyó que la persona siempre tiene la posibilidad de reencontrarse con la verdad.

En la afirmación hecha por el Coordinador de los G.I. subyace un profundo desconocimiento de cuestiones que nosotros las hemos aprendido a fuerza de catequesis, homilías, lectura, jornadas de formación y comunidades de base. Las hemos aprendido de Cursillos, de Escuela, de temas de formación, de rollos, de la experiencia de los dirigentes.

Ante algunas lamentables acepciones de hermanos respecto a esta cuestión, me permití escribir los párrafos siguientes:

“Es bueno poner atención a ciertas afirmaciones o pensamientos que a veces hacemos nuestros o repetimos sin profundizar, y a veces tienen que ver con ideas fuerza dichas sin mala intención, pero que llevan a conclusiones equivocadas, sobre todo a quienes no perseveran en el estudio.

Hagamos un poco de historia: antes de Vaticano II se consideraba que todas las asociaciones laicales debían ser "brazos" de la Acción Católica, jerarquizadas y bajo estricta supervisión. De ahí viene el concepto de "movimiento de iglesia" que no está mal en estricto rigor, pero ha sido justamente la repetición de esta frase la que permitió una profunda clericalización del MCC, hasta el punto de haberse cambiado el método para permitir que sean los sacerdotes quienes dirijan la estrategia y su papel dentro de los ambientes.

En sus inicios, siempre se dijo que el MCC es un "movimiento dentro de la iglesia”, concepto adelantado al Concilio y que corresponde justamente a lo que es el movimiento: movimiento laical (yo diría Seglar), fundado por laicos y que siempre se sintió Iglesia.

Para entender estos conceptos, es bueno leer Apostolicam Actuositatem (1965), Gaudium et Spes, Lumen Gentium y Christifidelis Laicis (1988).

“Cuando los dirigentes latinoamericanos y del OMCC actuales aún persisten en la idea preconciliar de un movimiento laical literalmente dirigido por la jerarquía, es bueno mirar el papel del laicado a los ojos del Magisterio de la Iglesia, específicamente hoy con Francisco, quien nos urge a "des clericalizarnos", no como oposición a la iglesia, sino como una responsabilidad que nos corresponde como seglares con vocación de santidad.

Hace pocos días, el Magisterio de la Iglesia nos exhorta a una profunda revisión de las estructuras y el Carisma de las Asociaciones Laicales, porque han visto que pueden ser utilizadas como estructuras de poder temporal”

Cuando personas que dirigen las estructuras, que deben entenderse siempre como guías de consejo y discernimiento, y jamás como Sanedrines llenas de Reglamentos, Leyes y Edictos, siguen afirmando que quienes piensan Cursillos como un movimiento dentro de la iglesia, laico (Seglar) y des clericalizado en concordancia con la idea de sus iniciadores, están "fuera de la comunión con la iglesia" o "en discordancia con el "reglamento del OMCC" , y "alejados de IIFF" , es bueno exhortarlos con cariño y firmeza a releer la historia de los inicios del MCC, y a estar en sintonía con el llamado de Francisco en orden a "salirse de las parroquias y estructuras" y entrar al mundo, el de las organizaciones sociales, comunitarias, políticas, laborales.

Cursillos jamás se pensó para la "evangelización de los ambientes" como fin último. Cursillos se pensó y rezo para que la persona descubra que Dios, en Cristo, nos ama.

Cuando una persona descubre y hace vida esta maravilla, la evangelización de los ambientes no es una obligación, ni imposición, ni mantra repetido. Es solo una de las tantas consecuencias de la santidad.

“Cursillos es un movimiento que, mediante un método propio, intenta desde la iglesia que las realidades de lo cristiano se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de la persona, para que, descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, conduzca su libertad desde su convicción, refuerce su voluntad con su decisión y propicie la amistad en virtud de su constancia en su cotidiano vivir individual y comunitario"

Esta es la original definición del movimiento. Fue cambiada por la que conocemos durante las redacciones de las anteriores IIFF. (a la luz de lo manifestado por Francisco habrá que regresar, tarde o temprano, a la original, la escrita por Eduardo).

Con todo, cuando afirman que el MCC es un movimiento de iglesia porque así lo dice IIFF, sugiero leer las encíclicas nombradas anteriormente, y también leer "Historia y memoria de Cursillos de Cristiandad", y "Vertebración de Ideas".

Ahí se entenderá porque el MCC no es "un movimiento de iglesia" y si es "un movimiento dentro de la iglesia".

Por ello, el titulo de este texto dice “el difícil retorno a la memoria”. Porque el regreso a pensar en los inicios, iniciadores, historia y método para así poder iluminar lo que hacemos hoy, nos ha lanzado solo al preconcilio, reviviendo la “vieja iglesia”, la de misas en latín, la de jerarquías llenas de autoridad y ritos, la de laicos preocupados de la salvación eterna a punta de brujerías, mandas, horóscopos, limosnas con derecho a cambio….

Falta aún…. Vamos en la década de 1960. Para llegar a 1941 hay que hacer el tránsito a la lectura de la historia, cosa que no es tomada en cuenta por cuestiones de nuestra estructura cultural latina, alejada del estudio, periférica en su pensamiento y rígida en sus sueños.

Y hay una sola manera de llegar a 1941. Estudiando la historia, historia muchas veces negada por las estructuras, cómodas en sus cómodos sillones y en sus atrios llenos de autoridad.

Les abrazo.

Luis



Notas y bibliografía sobre laicos o seglares, Cristandad o Cristiania.

Citado por Juan Pablo II en su documento Christifideles laici, número 9: “Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad. Por tanto ellos, especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del jefe común, el Papa, y de los obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia”.

[…] ejercen el apostolado con su trabajo por evangelizar y santificar a los hombres, y por perfeccionar y saturar de espíritu evangélico el orden temporal, de tal forma que su actividad en este orden dé claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres. […] Dios llama a los seglares a que, con el fervor del espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento. (Apostolicam Actuositatem, 2)

 […] “Puesto que, en virtud del bautismo y de la confirmación, los laicos, como todos los demás fieles, están destinados por Dios al apostolado, tienen la obligación general y gozan del derecho tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo” (Codigo de Derecho Canónico 225, 1) 

Comentario: resulta sugerente el uso de “laico” o “seglar”. Concilio Vaticano II utiliza a veces, en una rememoranza de conceptos muy antiguos, “laico” en oposición al clerigo, religioso o consagrado. Ch.L. lo deja mas explicado cuando habla de la vocación del laico en la iglesia y del camino a la santidad que es uno solo, y que el seglar camina paralelamente al religioso desde la vocación a la familia y a la santificación al orden temporal desde su propia realidad.

La Constitución Dogmática Lumen Gentium afirma que su vocación consiste en "iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor" (n. 31).

Acá queda claro que el laico actúa en los lugares especificos en donde el religioso o consagrado no llega, por lejania física o por que no alcanza a abarcar toda la vida de las poblaciones.

Respecto al seglar, el término secular se utiliza como un adjetivo calificativo para designar a todos aquellos fenómenos o elementos de una sociedad en los cuales la religión no está más presente, tanto porque fue eliminada de ese ámbito o porque nunca lo estuvo. El proceso de secularización de distintas áreas de la vida social comienza especialmente luego de la Revolución Francesa en 1789, momento en el cual la religión católica pierde su poder en el ámbito político y social. 

En los textos de inicios del MCC siempre se hablo de “seglar”, y ahora uno puede entender porque este concepto causa tanto ruido en este mundo tan clericalizado, mostrando una diferencia que se entromete hasta la libertad personal y las relaciones de la persona con el mundo: pasamos de una comunidad de personas de iglesia bajo la guía del Papa y los Obispos, a una comunidad de cristianos conscientes de su papel en el mundo, iglesia de personas, ya no a establecer una teocracia o un gobierno dirigido por Roma, sino que dando ejemplo de su relación con Dios a través de su influencia en todos los campos de la vida cotidiana, especialmente la familia, el trabajo, la comunidad, la política, lo social, el cuidado del ambiente y la repartición equitativa de los bienes terrenales.

Cristiandad o Cristiania? 

Cuando Eduardo planteo alguna vez el cambio de nombre de Cursillos a su concepción original, hablaba de “Cristiania” en oposición a “Cristiandad”. Esta es la razón porque el concepto germinal habla de Cristo-Persona-Amistad y no de un cristo escondido en el ritualismo, la obediencia y la no intromisión en los aspectos de la vida temporal.

Dejemos que Raimon Panikkar, filosofo y teologo contemporáneo, nos explique este concepto de Cristiania, que cuando Eduardo lo planteó se encontró con una enconada oposición por parte de la jerarquía. Es fácil darse cuenta de las razones del enojo.

Cristianía, cristianidad y cristianismo (Raimon Panikkar)

“Ser cristiano se puede entender como la confesión de una fe personal que adopta una actitud análoga a la de Cristo, en la medida en que Cristo representa el símbolo central de la propia vida. Yo lo denomino cristianía... una nueva, pero genuina, conciencia cristiana... Esta nueva convicción se va extendiendo por todo el mundo, especialmente entre las nuevas generaciones y entre aquellos que se independizan de la sobreinstitucionalización del cristianismo, particularmente del cristianismo oficial” (“L’albada de la cristiania”, Qüestions de vida cristiana 161, 1992).

Cristianía (Christianness) es el encuentro con Cristo en el centro de uno mismo, en el centro de la comunidad humana y en el centro de la realidad. Es una fe personal crística, que quiere adoptar la postura del Cristo (el “principio crístico”) y que vendría a ser “una mutación eclesial” en la autocomprensión cristiana cristiana, más allá de la cristianidad medieval (Christiandom) y el cristianismo moderno (Christianity), en la que pesaría más Cristo como núcleo místico de la fe que la Iglesia (dimensión sacramental) y el cristianismo (aspecto social). No se trata de una realidad totalmente nueva, sino presente en grandes cristianos de la historia, que por eso, resultaron a veces incómodos en la misma Iglesia. Son nombres de egregios cristianos, que vivieron su cristianía después de “superar” la cristiandad y el cristianismo: Tertuliano, Orígenes, Joaquín de Fiore, Dante, Eckhart, Nicolás de Cusa, S. Juan de la Cruz, Teilhard de Chardin, Thomas Merton, Le Saux, etc. Sería una forma nueva y a la vez antigua de concebir la existencia crística, que ha favorecido una doble liberación: de un orden político fijo y determinado (cristiandad) y de la identificación entre ser cristiano y la aceptación de una serie determinada de normas (cristianismo).

Para Panikkar la Iglesia y el mismo cristianismo deben evolucionar desde unas estructuras colectivas rígidas hacia una concepción más personal, la cristianía, que vendría a ser la forma de vivir el hecho cristiano en el tercer milenio, superando el segundo milenio, en el que el cristianismo habría estado demasiado impregnado de cristiandad. Se insiste en la dimensión experiencial y que Cristo no es sólo patrimonio de los cristianos; hablar de cristianía es hablar de una identidad cristiana que va más allá de una pertenencia jurídico-institucional y aún de un consensus doctrinal. Se trata ser “un sediento del reino” y realizar la experiencia de confianza en el Espíritu que tuvo Cristo Jesús.

La mutación eclesial en la autocomprensión cristiana trata de ser nada menos que la “contribución cristiana al cambio cósmico en la aventura del universo” en la que estamos todos implicados (“L’albada de la cristiania”). Lo más novedoso de la apuesta de Panikkar es pretender ir más allá de la mera realidad histórica del cristianismo, para afirmar que la cristianía es un factum, algo que no depende solamente de nosotros. Panikkar precisa el sentido de este factum con una triple distinción: cristianismo (aspecto social), Iglesia (dimensión sacramental) y Cristo (núcleo místico de la fe, principio crístico). Este principio crístico serviría de auténtica identificación para muchos cristianos que se identifican como tales y no se sienten ni alejados de Cristo ni fuera de la Iglesia, a pesar de no obedecer a todas las leyes eclesiásticas; aunque no es una posición individualista, no es “una anarquía incontrolada” (“L’albada de la cristiania”).

En definitiva, la cristianía sería tomar muy en serio la superación de la Ley, sin caer en la tentación de la cristiandad. La experiencia de la madurez cristiana que quiere transmitir el concepto de cristianía surge como una nueva esperanza: encuentro con Cristo en el centro de uno mismo, en el centro de la comunidad humana y en el centro de la realidad.

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