Acerca de nosotros

Somos un grupo de cursillistas que vivimos en Canadá y queremos ser fieles al Carisma Fundacional del Movimiento. Carisma recibido por Eduardo Bonnín, fundador del mismo. Nuestro deseo es propagar el Carisma del Movimiento. De esta manera se podrá continuar con lo que Eduardo fundó. Evitando así las desviaciones, modificaciones o agregados que con buena intensión se hacen pero que se alejan de lo que son verdaderamente los Cursillos de Cristiandad.

Eduardo define así:

"El Cursillo de Cristiandad es un movimiento que, mediante un método propio, intenta, y por la gracia de Dios, trata de conseguir que las realidades esenciales de lo cristiano, se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de la persona, para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, vaya tomando interés en emplear su libertad para hacerlas convicción, voluntad para hacerlas decisión y firmeza para realizarlas con constancia en su cotidiano vivir personal y comunitario".

Nuestro objetivo

Nuestro objetivo es ir logrando que, por la gracia de Dios y las oraciones de muchos, haya cristianos verdaderos en todas las arterias vivas del humano existir, y que sin desgajarse de él, sepan adoptar una aptitud convencida y decidida que les ponga en disposición de ir descubriendo en sí mismos y desde sí mismos, en los demás y entre los demás, la trayectoria viva que lo cristiano vivo va avivando en ellos y en su entorno, al polarizarse, encarnarse, expresarse y comunicarse, a través de los que, en la arena de lo cotidiano, saben ser luz e impulso para los demás, con tanta naturalidad, que la multiplican y la contagian por su manera personal, radical y espontánea de realizarla desde la firme convicción y la plena libertad del que se siente hijo de Dios.

Hablar de libertad sin contar con la libertad interior de uno mismo, es olvidarse del último y decisivo eslabón con que termina y se conecta a la persona la cadena de libertades de cualquier clase o tipo que sea, que vaya consiguiendo. (Eduardo Bonnìn Aguiló)

lunes, 21 de noviembre de 2011

La buena noticia

Cursillistas misioneros

Hagan creíble la fe que profesan mediante la

autenticidad y coherencia de vida.



En la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Guatemala celebra un encuentro anual llamado Ultreya, al que asisten quienes han vivido una experiencia fuerte de Dios en un cursillo de cristiandad, cuya duración de tres días, desarrollados en un clima fraterno y de oración, de reflexión y de conocimiento de “lo fundamental cristiano”, les permite confrontar la propia historia personal a la luz de la fe, conocer la persona de Jesús y su proyecto de vida, y comprometerse en la misión de la Iglesia y en la transformación de la sociedad.

Estos hombres y mujeres, de un talante fuerte y alegre, de firme convicción y audacia apostólicos, que se identifican con el canto De colores, están reunidos desde ayer en varios municipios de Sololá y Chimaltenango, celebrando su trigésima octava Ultreya Nacional, bajo el lema: “Como el Padre me envió, así los envío yo” (Juan 20, 21), para imprimirle un sello misionero a dicho acontecimiento y ponerse en sintonía con la Misión Continental, que es el gran proyecto que actualmente la Iglesia de América Latina y el Caribe viene impulsando desde Aparecida, Brasil (2007), cuando entró en una nueva etapa de su historia marcada por el discipulado misionero y por la oferta de vida plena desde Cristo a estos pueblos.

El momento culminante de la Ultreya se desarrolla hoy en Tecpán Guatemala, donde los cursillistas, en el marco de la celebración eucarística, renovarán su firme compromiso de discípulos misioneros de Jesucristo, siempre dispuestos a ir “más allá”, esto es lo que significa ultreya. “Más allá” en la construcción del verdadero sentido de la vida a partir del encuentro personal con Jesucristo; “más allá” en la configuración de una Iglesia discipular y misionera; “más allá” en la edificación de la Civilización del Amor, fundada en los valores de la verdad y la justicia, la paz y la solidaridad, el cuidado de la creación y el desarrollo integral de todos.

Ese compromiso por participar en la construcción de una nueva sociedad, por contribuir a la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio, fue menguando en no pocos movimientos laicales. Muchos se replegaron en sus grupos, se acomodaron en sus estructuras y se encerraron en los templos. Perdieron el impulso de la “salida misionera” al mundo, de la audacia apostólica y de la dimensión profética. Cayeron en la herejía del espiritualismo desencarnado y se hicieron aliados de las élites dominantes que concentran el poder político y económico en detrimento de la inmensa mayoría de empobrecidos. De esta forma fueron perdiendo la oportunidad de ser hombres y mujeres de Iglesia insertos en la realidad del mundo, y hombres y mujeres del mundo en sintonía con el corazón de la Iglesia.

¡Cursillistas de Guatemala, ánimo! Recuerden que el campo propio de su actividad evangelizadora está en el mundo de la política, de la realidad social y de la economía, entre otros. En esos ámbitos “tienen el deber de hacer creíble la fe que profesan, mostrando autenticidad y coherencia en su conducta”. (DA 210).

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