Acerca de nosotros

Somos un grupo de cursillistas que vivimos en Canadá y queremos ser fieles al Carisma Fundacional del Movimiento. Carisma recibido por Eduardo Bonnín, fundador del mismo. Nuestro deseo es propagar el Carisma del Movimiento. De esta manera se podrá continuar con lo que Eduardo fundó. Evitando así las desviaciones, modificaciones o agregados que con buena intensión se hacen pero que se alejan de lo que son verdaderamente los Cursillos de Cristiandad.

Eduardo define así:

"El Cursillo de Cristiandad es un movimiento que, mediante un método propio, intenta, y por la gracia de Dios, trata de conseguir que las realidades esenciales de lo cristiano, se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de la persona, para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, vaya tomando interés en emplear su libertad para hacerlas convicción, voluntad para hacerlas decisión y firmeza para realizarlas con constancia en su cotidiano vivir personal y comunitario".

Nuestro objetivo

Nuestro objetivo es ir logrando que, por la gracia de Dios y las oraciones de muchos, haya cristianos verdaderos en todas las arterias vivas del humano existir, y que sin desgajarse de él, sepan adoptar una aptitud convencida y decidida que les ponga en disposición de ir descubriendo en sí mismos y desde sí mismos, en los demás y entre los demás, la trayectoria viva que lo cristiano vivo va avivando en ellos y en su entorno, al polarizarse, encarnarse, expresarse y comunicarse, a través de los que, en la arena de lo cotidiano, saben ser luz e impulso para los demás, con tanta naturalidad, que la multiplican y la contagian por su manera personal, radical y espontánea de realizarla desde la firme convicción y la plena libertad del que se siente hijo de Dios.

Hablar de libertad sin contar con la libertad interior de uno mismo, es olvidarse del último y decisivo eslabón con que termina y se conecta a la persona la cadena de libertades de cualquier clase o tipo que sea, que vaya consiguiendo. (Eduardo Bonnìn Aguiló)

domingo, 22 de enero de 2012

Sentido común codificado


LOS CURSILLOS. SENTIDO COMÚN CODIFICADO

Cuántas veces hemos recurrido a ella, cuando hemos visto que personas -hay que suponer que con la mejor intención- complicaban y aún complican desmedidamente las cosas, apartando el Movimiento de su finalidad, y distorsionando su método. Esto sucede siempre que los Cursillos se hacen servir para seguir haciendo "las cosas buenas de siempre" puede que tan sólo con un poco de mejor espíritu, pero nada más; al hacerlo así, distancian el Movimiento de la simplicidad con que nació y ha seguido desarrollándose en Mallorca, no obstante los obstáculos y las dificultades con que suele tropezar siempre todo lo que, por ser vivo y por estar conectado con el mundo como es, y con las personas como son, tiene una radical vitalidad y una renovación constante, las más de las veces no domesticable, pero sí cultivable, que no todos, sobre todo los hermanos mayores de los hijos pródigos, difícilmente admiten. Es que les cuesta mucho comprender y raras veces comprenden, que los Cursillos exigen ineludiblemente, la actitud de "saber creer", en lugar de la de "creer saber", porque cuando se les entiende y se les atiende -por algo pretenden ser sentido común codificado- hacen converger los esfuerzos hacia el objetivo de ir logrando conseguir hacer pista en lo natural, para que sobre ella y desde ella, lo sobrenatural acontezca, pero tratando de discernir que lo que corresponde a los organizadores es solamente comunicar el mensaje, lanzar la semilla, pero no para que crezcan flores en nuestras macetas preferidas y adornar con ellas nuestros balcones e inspeccionar desde ellos al personal. Tampoco se deben hacer Cursillos para encajonar su fruto y meterlo en nuestras cámaras frigoríficas, que sirven muy bien para conservar los frutos de la tierra, pero no los del espíritu que, evidentemente no siguen el mismo proceso. Hay que ver los conflictos que ha originado no percibir esta evidencia.
Extracto del libro
Colaboración en la Revista Testimonio
Eduardo Bonnín.
Ediciones 4° Día

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